¿Cómo interpretar el etiquetado de los alimentos?
■ Afortunadamente, cada vez más personas miran las etiquetas de los alimentos pero todavía hay bastante desconocimiento para saber interpretarlas correctamente. Muchos productos parecen saludables por su publicidad, pero cuando se analiza su etiqueta nutricional, descubrimos ingredientes o cantidades que conviene evitar o consumir con moderación.
![]()
■ Hay quiénes se apoyan en aplicaciones de móvil para intentar elegir de manera sana pero no siempre son fiables…
■ A menudo, encontrar la etiqueta no es tarea fácil ni tampoco conseguir leerla con claridad puesto que suelen utilizar colores que apenas se ven o tamaños de la letra que dificultan su lectura.
![]()
■ A continuación os explico cómo leer una etiqueta paso a paso para tomar decisiones más favorables para nuestra salud a la hora de hacer la compra.
■ La parte más importante del etiquetado es la lista de ingredientes, donde éstos se ordenan de mayor a menor cantidad. Por tanto, los que están al principio, son los que se encuentran en proporción más elevada. Cuanto más larga es la enumeración, más procesado suele ser el producto y es conveniente que sea lo más corta posible.
■ Es recomendable rehuir el azúcar y el jarabe de glucosa o fructosa, especialmente, en los primeros ingredientes. En ocasiones, aparece oculto bajo otras denominaciones como jarabe de maíz, dextrosa, sacarosa, maltosa… Tened en cuenta que no deberíamos consumir más de 25 g de azúcar al día y muchos productos la llevan oculta.
![]()
■ También debemos prestar atención en el tipo de aceite. A veces, os encontraréis en su composición que pone únicamente “aceites vegetales” o «aceite vegetal hidrogenado o parcialmente hidrogenado». Si no lo especifican normalmente se trata de aceite de coco, palma o palmiste que, aun siendo grasas vegetales producen efectos nocivos. En ocasiones, mencionan varios de ellos pero sin especificar las proporciones, por lo que nos pueden confundir al hacernos creer que llevan aceite de oliva o de girasol no solo de soja, nabina, colza, … Elegid, siempre que podáis, aceite de oliva virgen extra o, en su defecto, de girasol aunque mejor si no está frito.
■ Suprime de tus compras aquellos productos que contengan un elevado número de aditivos. Se aconseja que éstos no superen los 3 por producto pero, claro, si compráis muchos alimentos con hasta 3 aditivos, al final, la cantidad que estaréis ingiriendo de ellos se irá acumulando por lo que minimizarlos al máximo. Tened en cuenta que, cuando indican “sin conservantes ni colorantes”, únicamente significa que no lleva ninguno de estos dos aditivos, pero puede llevar muchos otros, como espesantes, aglutinantes, saborizantes… Antes los escondían bajo la letra E seguida de una numeración pero como han cogido mala fama, últimamente, tratan de engañarnos mencionando nombres que para muchos son desconocidos.
■ Aunque muchos se comercializan como artesanos, caseros o naturales ¡ojo!, a menudo son procesados, con muy buena pinta pero con enormes cantidades de sal, grasas, potenciadores de sabor, azúcares,.. y completamente industriales.
■ También hay productos a los que les añaden un sinfín de ingredientes para abaratarlos, pero que no los necesitarían en absoluto. Así encontramos chorizos o morcillas con «proteínas de leche y de soja». En muchos fiambres, hay fécula de patata, almidón, jarabe de glucosa o fructosa. ¿Y qué me decís de los palitos de cangrejo?
■ La falta de información o el rigor de ésta es un problema que crece continuamente. Muchos adolescentes o niños se atiborran a snacks o aperitivos calóricos, refrescos, productos procesados de comida rápida, más económicos, tomando calorías en número superior a las que queman y aumentando el peso, siendo una preocupación evidente en nuestro país el número de personas jóvenes que tienen ya obesidad o sobrepeso.
■ Como ya conocemos lo perjudicial que es el azúcar, abundan cada vez más productos con 0% de azúcares añadidos. Sin embargo, suplen el sabor dulce con edulcorantes artificiales que tampoco son beneficiosos para la salud. Salvo los casos de personas diabéticas que no puedan tomar azúcar, es casi preferible tomar azúcar esporádicamente y en poca cantidad, que edulcorantes de manera sistematizada.
■ Revisa la cantidad de sal, especialmente si tenéis hipertensión. Aunque pueda sorprendernos hay muchos alimentos que la contienen gran cantidad. ¿Y cuánto se considera «demasiada sal»? Normalmente, bajo en sal es para alimentos con menos de 0,3 g por 100 g y alto en sal más de 1,5 g. No obstante, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda consumir menos de 5 gramos al día. Por ello, si os acostumbráis poco a poco a ir reduciendo la cantidad que echáis en vuestros platos, podréis ir disminuyendo su consumo. Otra opción es que seáis vosotros mismos quiénes elaboréis sal aromática sustituyendo parte del sodio por especias y la empleéis para cocinar vuestros platos.
■ ¿Os soléis fijar en la procedencia del producto? Si lo hacéis, os sorprenderá. En otro post hablaremos con más detalle de esto, ya que no es lo mismo dónde se envasa que de dónde es la materia prima…
■ En cuanto a su valor nutricional o energético, el etiquetado indica la cantidad de calorías que contienen 100 g de ese producto así como la cantidad diaria orientativa (CDO) que podrá tomar un adulto que deba consumir al día 2.000 calorías. Lo que no recuerdan es que, dependiendo del tipo de vida que se lleve y ejercicio que se realice, no todo el mundo las necesita y, por tanto, deberán consumir menor cantidad de producto…
■ Dentro de los hidratos de carbono, se detallan las cantidades de azúcares y entre las grasas especificarán tanto las totales como las saturadas y también las monoinsaturadas y las poliinsaturadas. Se mostrará también la cantidad de proteínas totales.
■ Si se incluye algún alérgeno, éste debe aparecer en con una tipografía diferente (negrita, color de fondo, mayúsculas) para diferenciarlos claramente del resto de ingredientes.
![]()
■ No sólo deben etiquetarse los productos envasados, en las pescaderías, es obligatorio informar cómo ha sido la captura, la zona, si se trata de acuicultura,… y debe constar si el producto se ha descongelado para que el consumidor no lo vuelva a congelar, pero no siempre se visualiza correctamente la etiqueta o está lo suficientemente próxima para leer los detalles.
■ ¿Sabéis en qué consiste el Nutri-Score? Es un sistema de etiquetado que refleja la calidad nutricional global de un alimento o bebida en una escala de cinco letras, de la A a la E, y colores, de verde oscuro a naranja oscuro. Cuanto más cerca de la A, verde, mejor perfil nutricional y cuanto más cerca de la E, naranja oscuro, peor. El algoritmo en que se basa evalúa “puntos desfavorables” como energía, azúcares, grasas saturadas, sal y en bebidas también edulcorantes no nutritivos. Como “puntos favorables” incorpora que haya contenido de frutas, verduras, legumbres, fibra, proteínas, con determinadas reglas de cómputo que compensan ambas clasificaciones dando un resultado final. Que un producto tenga un color cercano al verde no lo hace saludable por lo que este sistema es cuestionado y puede servir más para comparar artículos similares que como criterio a la hora de seleccionar un producto.
![]()
Consejos de cocina y nutrición
■ Aprender a interpretar correctamente el etiquetado nutricional de los alimentos es imprescindible para elegir saludablemente la cesta de la compra. Una lectura adecuada permite identificar productos ultraprocesados y elegir opciones óptimas para el día a día.
![]()
Consejos de organización y productividad
■ Como no interesa a las empresas que sepamos qué añaden a los productos, las etiquetas suelen venir en la parte menos visible del envase y en letra tan chiquitita que apenas se pueden leer. Cuando ocurra esto, podéis ayudaros de la lupa del móvil para descifrarlas. Para ello, en muchos dispositivos, dentro de ajustes, se puede habilitar esta función de Lupa que suele encontrarse en Accesibilidad.