Luz solar, ¿proteges a tus alimentos de ella?
■ Ahora que estamos en verano, seguramente os ponéis protectores solares para cuidar vuestra piel y mitigar los efectos dañinos del sol. ¿Sabíais que los alimentos también necesitan protegerse de esta radiación para mantener todo su valor nutritivo?
■ Hoy voy a hablaros de por qué debéis proteger algunos alimentos de la luz, cuáles son los más sensibles y qué precauciones tomar para que se conserven adecuadamente.
■ ¿Tenéis la costumbre de colocar las frutas u hortalizas expuestas al sol durante días? ¿Dejáis el aceite habitualmente en la encimera o mesa de la cocina, aun después de haberlo utilizado? ¿Preferís tener tarros transparentes con frutos secos, legumbres, cereales,… en estanterías en lugar de dentro de los armarios? A partir de hoy, os lo pensaréis dos veces.
■ Es importante minimizar la exposición a la luz, especialmente de aquellos fotosensibles, durante todo el ciclo, desde su recolección o fabricación, pasando por el almacenamiento y el transporte, hasta su consumo. Conservándolos correctamente, obtendréis mayores beneficios y, por supuesto, evitaréis tener que tirarlos a la basura o consumirlos con menos nutrientes.
■ Como ya comenté al hablar de la vitamina C, las verduras de hoja verde expuestas directamente al sol pueden perder hasta un 90 % de esta vitamina. Aunque a simple vista las hojas pueden verse mustias, la pérdida nutricional puede ser mucho mayor y no siempre es visible…
■ ¿Qué sucede cuando se exponen los alimentos al sol? Depende…
- Las grasas, fundamentalmente las insaturadas, como las del aceite de oliva y los frutos secos, sufren fotooxidación perdiendo calidad y adquiriendo sabor rancio con el tiempo
- Las vitaminas sensibles a la luz solar, como la A, C, D, E y algunas del grupo B, se degradan lo que supone menor valor nutricional
- Pierden su color o sabor original al reducir los pigmentos naturales como la clorofila o los carotenoides
- El calor y la luz aceleran el crecimiento de bacterias, haciendo que los productos se estropeen más velozmente
■ Por supuesto, la luz tiene efectos beneficiosos durante la maduración de frutas y verduras mientras aún no se han recolectado. Es tras su cosecha y para la conservación óptima cuando se deben de tomar precauciones. También se utiliza en ocasiones para desecar frutas, pescados o tomate, siempre y cuando se sigan unas condiciones específicas para impedir la proliferación microbiana y la pérdida de valor nutritivo.
■ ¿Y qué podemos hacer nosotros para prevenir este deterioro?
- Evitar dejar alimentos a la intemperie, sometidos a la luz directa o cerca de las ventanas. Además, a temperatura ambiente, van perdiendo propiedades
- Guardar en armarios o en la nevera, según de qué se trate, los que se degradan con mayor rapidez
- Si no queda más remedio que tenerlos en estanterías o encimeras, utilizar recipientes opacos, que no dejen pasar los rayos solares
- Aunque algunos productos deberían llevar envases con protección ultravioleta, a menudo, por ahorrar costes, no es así
- Si tenéis una despensa a oscuras y fresca, conservar ahí botellas de vino o de aceite que no empleéis a diario
- Utilizar bolsas de tela para almacenar patatas, cebollas o ajos
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■ Y la industria alimentaria, ¿cómo puede contribuir? Usando envases protectores contra la luz y el oxígeno, bien con embalajes completamente opacos, multicapa o con protectores o barreras contra la luz.
Consejos de cocina y nutrición
■ Cuando adquiráis productos lácteos, elegid los que estén envasados de manera que protejan de la luz directa. Son mejores los envases opacos o de cartón puesto que la riboflavina, también denominada vitamina B2, es fotosensible y se degrada al exponerse a la luz, disminuyendo, así, su valor nutritivo. Las leches pasteurizadas deben estar en armarios o estantes refrigerados. La esterilizada puede estar a temperatura ambiente hasta el momento en que se abra y a partir de ahí deberán conservarse todas ellas en frío. Si por cualquier circunstancia la leche apareciera agria o con un olor y sabor extraño, desechadla.
■ La vitamina C se degrada rápidamente con la luz por lo que recomiendo que consumáis los zumos de naranja nada más exprimirlos para ingerirlo con todas sus propiedades. Es un error mayúsculo encontrar botellas de zumo de este cítrico sin protección solar integrada en el envase.
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■ Normalmente, el aceite de oliva virgen extra se comercializa en botellas oscuras para evitar la pérdida de calidad con el paso del tiempo. Guardadlo, siempre, alejado de la luz y, si podéis, del calor.
■ El vino también se ve afectado por los rayos del sol, incidiendo de forma más notable en los blancos, rosados o espumosos. Esto es debido a que el tinto contiene polifenoles y taninos, antioxidantes que neutralizan los efectos de la luz. Sin embargo, los blancos, al tener menos cantidad de estas sustancias sufrirán con mayor facilidad modificaciones de sus propiedades, especialmente si van envasados en vidrios transparentes y sin filtros, cosa que ocurre con frecuencia.
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■ En ocasiones, cuando los alimentos no han estado resguardados correctamente de la luz, pueden desarrollar en cierto tiempo lo que se denomina «gusto de luz«, apreciándose un sabor diferente según el producto del que estemos hablando. Por ello, conviene comprobar la fecha de caducidad o consumo preferente, sobre todo si compras para bastante tiempo, para que no suceda esto en vuestras casas.
■ Los frutos secos están constituidos por una gran cantidad de grasa, lo que los hace susceptibles de enranciarse. Para evitarlo, leed el post Frutos secos, dónde comprarlos y cómo evitar su enranciamiento y no los almacenéis en botes que dejen pasar los rayos solares.
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■ Cuando compréis huevos, revisad el estado del cartón y la fecha de envasado. Si algún huevo se ha roto durante la manipulación, el cartón aparecerá manchado o mojado y lo podréis desechar. Conservadlos siempre en la nevera y sacadlos de allí en el preciso momento en el que los vayáis a usar, sobre todo si es en crudo, como para mayonesas, helados, mousses…
■ ¿Alguna vez os habéis olvidado en la despensa una bolsa de snacks fritos y, al abrirla, sabía «diferente»? Seguramente, al igual que con otros productos grasos, la oxidación haya provocado esa pérdida de calidad y modificación del sabor. Como sabéis, lo mejor es que no los consumáis pero, si decidís hacerlo, siempre de forma ocasional, que sea antes de la fecha de consumo preferente para minimizar esta situación.
Consejos de organización y productividad
■ Este efecto de la luz es extrapolable a otros productos farmacéuticos y cosméticos. A menudo, ciertos medicamentos incluyen en sus prospectos las indicaciones para conservarlos por debajo de ciertas temperaturas, en lugares frescos o secos.
■ Si utilizáis algún tipo de aceite para hidratar la piel, como el aceite de argán, es preferible que intentéis conservarlo en sitios oscuros y frescos protegidos de la luz solar. Si no tomáis esta precaución, con el tiempo, percibiréis que su olor es de rancio.