Probióticos, ¿son nuestros amigos?
■ En los últimos años, los probióticos han ganado protagonismo en el mundo de la nutrición y la salud digestiva y están a la orden del día pero ¿qué son realmente?, ¿funcionan todos igual?, ¿vale la pena tomar suplementos? En este post te explico con más detalle qué dice la ciencia sobre estos microorganismos vivos que prometen mejorar nuestra salud desde el intestino.
■ Según la definición de la Organización Mundial de la Salud, OMS, los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades adecuadas, proporcionan beneficios para la salud. Actúan, fundamentalmente, en el intestino, pese a que se encuentran distribuidos por numerosas partes del cuerpo, donde modulan la microbiota, compiten con patógenos, producen sustancias antimicrobianas, y regulan el sistema inmunológico y metabólico.
![]()
■ El intestino humano alberga en su interior aproximadamente 100 trillones de microorganismos, es decir, 10 veces más que células humanas. De esta enorme cantidad, unas 2.000 especies bacterianas son diferentes y, entre ellas, solamente 100 pueden llegar a ser perjudiciales siendo muchas de estas bacterias beneficiosas.
■ ¿Y qué tipos de probióticos nos encontramos? Los más frecuentes suelen ser las bacterias, pero no hay que olvidarse de las levaduras. Dentro de estas últimas, las más conocidas son:
- Saccharomyces boulardii: útil en la prevención de la diarrea asociada a antibióticos, en tratamiento para la infección por Clostridium difficile o en la mejora de síntomas en el síndrome del intestino irritable y enfermedad inflamatoria intestinal.
- Saccharomyces cerevisiae: conocida como levadura de cerveza, fortalece el sistema inmunológico y combate afecciones intestinales como las causadas por la Salmonella enteritidis.
■ Las levaduras probióticas no están permanentemente en el intestino pero desempeñan un efecto positivo mientras están presentes. Resisten bien al ácido gástrico y a los antibióticos, lo que las hace útiles en tratamientos donde las bacterias probióticas podrían verse afectadas. Producen enzimas y metabolitos que ayudan a equilibrar la microbiota y a combatir patógenos.
■ Dependiendo del tipo de cepa, ejercen un efecto u otro, no siendo posible hacer generalizaciones. Entre los más conocidos, podemos encontrarnos con:
- Lactobacillus rhamnosus GG (LGG): cuya influencia más notable radica en prevenir la diarrea asociada a antibióticos.
- Lactobacillus casei Shirota: que disminuye las infecciones respiratorias.
- Bifidobacterium longum: mejora la digestión, reduce la inflamación intestinal y apoya la función cognitiva.
- Bifidobacterium bifidum: está presente en la leche materna y ayuda a prevenir infecciones equilibrando la microbiota.
- Bifidobacterium infantis: mejora la salud digestiva del bebé.
- Bifidobacterium lactis: Refuerza el sistema inmunológico y mejora el tránsito intestinal.
■ Se trata de agentes activos que pueblan el intestino modulando la microbiota intestinal. ¿Y cómo hacen esto? Algunos luchan contra patógenos dañinos por el espacio y el alimento en el intestino, impidiendo su proliferación. Otros generan sustancias que inhiben el crecimiento de bacterias patógenas. Muchos, ayudan a evitar la inflamación, fortaleciendo la barrera intestinal. Y encontramos los que ayudan a digerir fibras dietéticas que no podríamos procesar sin ellos, como es el caso del butirato.
■ Y no solo todo esto, sino que hay evidencias de que la microbiota regula el estado del ánimo y la función cognitiva. Estudios recientes, como el llevado a cabo por el Centro de Neurociencias Cajal (CNC) del CSIC, han demostrado, hasta ahora utilizando un modelo animal, que el ejercicio moderado realizado durante unos 40 minutos y a velocidad media, incrementa el rendimiento cognitivo y el desarrollo de nuevas neuronas en el hipocampo, área fundamental en la memoria y el aprendizaje. Por eso, como ya he reiterado en numerosas ocasiones, es imprescindible vigilar nuestra alimentación sin olvidar los beneficios que aporta el ejercicio físico de manera regular en el aumento de la diversidad bacteriana y en la cantidad de bacterias favorables.
■ Como los avances son continuos, se sigue analizando el efecto que ejerce la obesidad sobre la microbiota y la microbiota sobre la obesidad, ya que se trata de la «pescadilla que se mueve la cola». Según se ha comprobado, existen bacterias que extraen más calorías de los alimentos que otras, aumentando el sobrepeso. Se ha observado que la diversidad de la microbiota es menor en individuos con sobrepeso y obesidad. Adicionalmente, se está estudiando cómo los probióticos afectan a las enfermedades autoinmunes y a la piel, y conforme se siga profundizando en este área, es de prever que se seguirán descubriendo nuevos efectos.
■ También se está investigando la influencia que desempeña la falta de sueño y el estrés sostenido en el tiempo puesto que hay evidencias de que alteran el eje intestino-cerebro y éste, a su vez, a la composición de la microbiota. ¿Y qué entendemos por el eje intestino-cerebro? Se trata de la comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central o SNC, el cerebro, y el sistema nervioso entérico o SNE, ubicado en el intestino. Este eje regula tanto las funciones digestivas como los aspectos emocionales, cognitivos e inmunológicos. Niveles elevados de cortisol, la principal hormona del estrés, alteran la composición microbiana, reduciendo la diversidad bacteriana, debilitando la barrera intestinal e interfiriendo en la producción de neurotransmisores para el estado de ánimo, tales como la serotonina y la dopamina y, por ello, contribuyendo a la ansiedad y la depresión.
■ Podemos decir que las bacterias del intestino segregan moléculas que afectan al desarrollo y al estado del cerebro y, por lo tanto, pueden influir en la evolución de enfermedades neurodegenerativas, en la salud mental y en el comportamiento humano. Por ello a la microbiota se la denomina también segundo cerebro.
■ Existen otros factores que influyen en la microbiota desde que nacemos, como es el tipo de parto, ya sea natural o cesárea, o de lactancia recibida, según sea ésta materna o artificial. Y, con los años, nuestra microbiota irá evolucionando en base a los antibióticos que tomemos, por ejemplo, y el estilo de vida que llevemos.
■ La edad influye de manera decisiva en la microbiota, especialmente en la intestinal, que evoluciona a lo largo de la vida en composición, diversidad y función.
■ La inflamación crónica, de la que tanto se habla últimamente, es una respuesta inmunitaria que se ha asociado con diferentes enfermedades, como las autoinmunes. Un desequilibrio en la microbiota intestinal o disbiosis puede aumentar la permeabilidad de la barrera intestinal, provocando que las toxinas se incorporen al torrente sanguíneo provocando esta inflamación.
■ ¿Dónde podemos encontrarlos? Los probióticos se encuentran de manera natural en algunos alimentos que no hayan sufrido el proceso de pasteurización. Entre ellos, tenemos el yogur, el chucrut, el kéfir o el kimchi. Es posible que algunos creáis que la salsa de soja, el miso o el tempeh, de los que hablaremos en otro momento, tienen siempre probióticos. No obstante, como normalmente se comercializan pasteurizados no contendrán microorganismos vivos en esos casos así que hay que estar atentos al etiquetado para asegurarnos.
![]()
■ Los alimentos que hemos mencionado anteriormente, además de probióticos, aportan fibras, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos. Si se integran regularmente en una dieta equilibrada, pueden contribuir al mantenimiento de una microbiota diversa y saludable.
■ Estudios recientes han demostrado que el consumo regular de productos lácteos fermentados como el yogur o el kéfir pueden contribuir a aumentar las defensas inmunológicas intestinales. De igual modo, es preciso mantener una dieta equilibrada con presencia de frutas y verduras en abundancia para aportar las vitaminas y minerales necesarios para el sistema inmunológico.
![]()
■ Estudios recientes han demostrado que un consumo elevado de edulcorantes podría alterar nuestra microbiota, aunque los efectos varían según el tipo de éste, la dosis y el individuo. Por ello, salvo que tengáis alguna patología como la diabetes, no os aconsejo ningún producto «sin azúcar» ni «light» o «sin». Hoy en día estos edulcorantes se encuentran presentes en muchos productos de consumo habitual, la sacarina del café, los yogures edulcorados, los refrescos sin azúcar, los chicles, algunas mermeladas, galletas, bollería… El reclamo más frecuente es verlos como «sin azúcar añadido» y, sin darnos cuenta, es posible que muchas personas los teman varias veces al día. Por ello, cuanto más disminuyamos las fuentes que nos los aportan, mejor elección estaremos haciendo.
■ También hay evidencias, especialmente en ensayos clínicos con animales, del impacto de los aditivos alimentarios en la microbiota intestinal, pudiendo alterar la composición microbiana, afectar la función de barrera intestinal y promover la inflamación. Todavía hay muy pocos estudios realizados en seres humanos pero sería recomendable que se analizara para determinar con más rigor su efecto en la microbiota intestinal.
■ Muchos de vosotros os preguntaréis ¿son útiles los suplementos probióticos? Ya sabéis que no soy muy partidaria de tomarlos como os he comentado en posts anteriores. Sin embargo, recientemente me habéis contado algun@s que os ha ido bien alguna cepa específica, pautada por un especialista, por supuesto, y para casos muy concretos y administrados de modo transitorio. Por tanto, si seguís una dieta equilibrada, variada y completa como os la que os recomiendo y realizáis ejercicio físico regularmente, en la mayoría de los casos, será suficiente. Hay mucho marketing actualmente y no es fácil saber distinguir lo que funciona de verdad de lo que no, por lo que no creáis que son compuestos infalibles, que no lo son, sino considerarlos con reservas y cuando existan estudios clínicos específicos en la cepa usada, con dosis bien establecidas que lo respalden. Aún queda mucho camino por recorrer en este ámbito… y hay que considerar que no afecta de igual manera a unos individuos y a otros, ni todos los toleran de la misma manera.
■ Además, si optáis por probar alguno de éstos ¡cuidado! no compréis el primero que veáis, aunque parezca más económico sino aquellos que especifiquen claramente en el etiquetado el tipo de cepa y las Unidades Formadoras de Colonias (UFC), que para ejercer un efecto terapéutico tendrán que tener un rango de miles de millones de UFC. Sin embargo, no siempre más número es sinónimo de mayor eficacia, lo importante es la dosis efectiva conforme a los estudios realizados, que aún no son tantos como para ofrecer garantías de manera generalizada. Si existen estudios clínicos que avalen resultados, será más fiable.
■ Además, las bacterias deben estar vivas al momento del consumo, por lo que la fecha de caducidad es fundamental.
■ En conclusión, no todos los microorganismos son dañinos para el organismo así que intentad seguir estos hábitos saludables, con una dieta equilibrada, variada, nutritiva y de calidad para mantener el equilibrio óptimo de vuestra flora intestinal. Y recordad que, el mal uso de medicamentos y antibióticos tienen efectos adversos sobre nuestra microbiota intestinal.