Hoy me voy a referir nada más a todo lo que se puede ahorrar a la hora de comprar alimentos, aunque ya os expliqué varias cosas en otro post, y también os he hablado de cómo ahorrar en las rebajas.
1. Ir siempre con una lista de todo lo que consumís habitualmente y se os ha terminado.
Así no se os olvidará nada, y si compráis algo más, será porque os ha apetecido, o porque realmente con vuestro presupuesto os lo podéis permitir.
Si no fuera así sería un gran error y una falta de organización.
2. Si se dispone de algo más de tiempo, porque desgraciadamente el nivel de trabajo ha bajado, cocinar más en casa.
Vuestra salud os lo agradecerá puesto que vais a saber en cada momento lo que coméis ya que lo habéis puesto vosotros mismos y conocéis su calidad, pero también vuestro bolsillo ya que muchas veces por no disponer de tiempo suficiente se echa mano de precocinados, de patatas congeladas prefritas nada aconsejables para la salud, de pizzas prefabricadas, de salsas ya elaboradas… que si leyerais detenidamente sus ingredientes, puede que no las compraríais, aunque al paladar resulten riquísimas.
3. Si habéis hecho alguna vez un helado casero, y tenéis varios en mis ebooks y en mi canal de YouTube, podréis deducir fácilmente que los que ofrecen tan solo a 1 euro no pueden tener los mismos ingredientes.
Puede que estén riquísimos, porque la industria alimentaria cada día más está haciendo verdaderos prodigios, pero ¡a saber qué tipo de grasa o de sustancia cremosa le han añadido!
Yo he visto con mis propios ojos, en sitios especiales para profesionales, una especie de «botes» más o menos grandes con «sabor a mantequilla», «sabor a chocolate»…
Y, por ofrecer, también ofrecen 2 kilos de croquetas a 2 euros, sí, sí, ¡2 euros!
4. Si hay tiempo y los integrantes del hogar no son demasiados, se pueden cocinar el doble o el triple de las raciones que se consumen a diario, sabiendo desde luego conservar y congelar para no tener que tirar nada en absoluto.
Fundamentalmente vais a ahorrar muchísimo tiempo, pero vais a consumir tan solo un poquito más de aceite y muchísima menos energía pues la olla superrápida al estar más llena tardará algo más en calentarse, pero muchísimo menos que si hacemos esas mismas raciones en 2 o 3 veces.
5. Ahorro también de trabajo a la hora de fregarla, y ahorro al ensuciar menos veces la cocina pues solo tendréis que limpiar ambas cosas 1 vez, en lugar de 2 o 3.
Si el día que habéis manchado la encimera al freír o dorar, aunque se haya tapado, preparáis, por ejemplo, todo el sofrito de una paella junto con la carne y el pescado, y lo congeláis, el día que no tengáis tiempo de verdad y que además no queráis manchar, descongelando esta base, rehogando encima el arroz, que no salpica, y echando el caldo necesario, también preparado, conseguiréis una riquísima paella casi sin trabajar y, desde luego sin manchar nada.
6. En lugar del clásico filete que además de aburrido no es sano ya que no deja de ser carne roja, se pueden hacer muchos guisos riquísimos acompañados de verduras muy variadas, con pescado o con carne de segunda, la que se llama vulgarmente carne de guisar, que tiene el mismo valor nutritivo que la de primera, la del filete, pero más pieles, tendones y grasa.
Tendréis tan solo que entreteneros un poquito más en limpiarla y cocinarla.
¡Y estos guisos pueden tener hasta pocas calorías!
Unos codillos en salsa, un rabo de vaca, un ossobuco, un estofado, un ragú… son mucho más baratos que el filete que, además, para que esté rico debe freírse en el momento y salpicar bien la cocina por mucho que lo tapéis.
7. Hacer varios litros de caldo casero, por ejemplo, desgrasándolo siempre después, es algo más entretenido, pero os puede salir por la cuarta parte de precio y sabréis lo que estáis tomando, mientras que si lo compráis ya envasado no.
Es mucho más práctico y rápido, de acuerdo, pero también es más caro, y sobre todo menos saludable.
Dependerá de vuestro presupuesto y de lo exigentes que seáis a la hora de paladear y de comprobar las diferencias de sabor, olor y aditivos… entre lo hecho en casa y lo industrial, por mucho que nos aseguren que está hecho como lo hacían «nuestras abuelitas».
8. Aunque muchas salsas de tomate industriales están muy conseguidas, todas suelen llevar espesantes “extraños”, es decir que no se encuentran en los ingredientes típicos de la misma, ni en el tomate, ni en la cebolla, ni en los ajos…
Como nos venden agua a precio de tomate, que tiene un 95% de agua, y que no se la quitan, llevarán a la fuerza algún hidrato de carbono, como fécula, almidón modificado de trigo o de maíz… para espesarla.
¡Igualita que la casera!
Vosotros, en casa, añadiendo una zanahoria a vuestra salsa casera podéis quitarle el azúcar que todas ellas llevan, con lo que los diabéticos, si hay alguno en la familia, podrán también tomarla, lo mismo que los celíacos.
Con la nueva legislación vigente la industria alimentaria ya no debe especificar todo lo que lleva su contenido.
Se limitarán a ponernos grasas totales = %, de las cuales grasa saturadas = %, pero no podremos saber si son las famosas grasas vegetales, coco o palma, o sebo de las carnes y pollos, ya que ambas son saturadas.
9. Si tenéis niños, y vuelvo a repetir un poquito de tiempo, no necesariamente mucho, en lugar de comprar la nefasta bollería industrial o galletas, y continuamente me preguntáis que cuáles recomiendo cuando debe haber muy pocas elaboradas con aceite bueno, podéis hacer en casa montones de bizcochos caseros, fáciles, rápidos y desde luego saludables puesto que todos pueden hacerse con nuestro maravilloso aceite de oliva.
Si hacéis 2 o 3 de golpe, y conozco jóvenes que lo hacen, además con la colaboración de sus hijos a los que ya están acostumbrando a la buena mesa, el consumo de energía es muy poquito mayor, y sabiéndolos conservar os pueden durar más de 1 semana en perfectas condiciones, como recién hechos.
Congelan además estupendamente, enteros o cortados en rodajas individuales.
Y si tenéis la función crisp en vuestro microondas, podéis elaborarlos de 1 en 1 puesto que solo se necesitan 6 o 7 minutos de cocción.
10. Eso no quiere decir ni mucho menos que puesto que hay cierta abundancia haya que consumir más y más deprisa.
Eso sería mala organización y muy poco sentido común.
11. Por último, aunque os suene a “chufla”, comer despacio y únicamente la cantidad suficiente que cada uno necesita, con arreglo a su constitución y al estilo de vida que lleva, sin atiborrarse, también contribuye a paliar la crisis.
Os sentiréis mejor, no tendréis gases ni digestiones pesadas y comeréis menos con lo que hasta podéis perder algún kilo superfluo.
Ya os he repetido varias veces que es preferible tomarse un trozo pequeño de cualquier embutido, de calidad extra, chorizo por ejemplo, que es la mejor porque tiene mayor cantidad de proteína y menor cantidad de grasa, que un trozo mayor o enorme de otro de una categoría inferior porque es barato, aunque sea buenísimo al paladar.
12. Muchos en esta crisis están ahorrando en la comida, y en mi opinión es en lo último en que se debe ahorrar.
Es preferible ahorrar en refrescos, en salidas al restaurante, en tomar menos aperitivos o tomarlos en casa…, aunque la costumbre cada vez más afianzada y la que el dichoso consumismo nos está metiendo por los ojos, es justo lo contrario, consumir cada día más, sin freno y muchas veces sin calidad.
¡Si la tripa tuviera cristales, qué de cosas veríamos!
Recordad que «la salud y la enfermedad» entran por la boca y que «somos lo que comemos».
A nuestro organismo se le puede «engañar» durante un cierto tiempo, pero a la larga protestará, y de qué manera.