En Madrid están proliferando un poco por todas partes franquicias o supermercados de algunos de mucho renombre, pero con pequeña superficie por lo que solo se encuentran los artículos que más se demandan.
Pobrecitos de vosotros si vais buscando una determinada marca de salsa, de tomate natural triturado, de chorizo, de jamón loncheado…
No la encontraréis, y si sois de los que ya os sabéis la composición de algunos de estos productos y son los que os gustan, tendréis que comprar lo que os ofrecen, a lo que me niego rotundamente, o salir con las manos vacías.
¡¡¡ Y ya no os cuento nada si el supermercado es de los que solo os quieren vender sus marcas blancas, así se pueden «tirar» los precios!!!
Se sabe, y hasta lo ha escrito el director de un gran periódico médico, que cuanto peor calidad tiene la materia prima de la que se parte, más cantidad de aditivos lleva para darle mejor aspecto, mejor color, mejor sabor, mejor olor, que no se enrancie, que no se estropee… y que dure mucho, casi eternamente para que, pase lo que pase, como por ejemplo la rotura de la cadena de frío, o un fallo en el sistema de envasado al vacío, no haya que devolverlo al fabricante, con el consiguiente perjuicio económico.
Por ello los atiborran de aditivos, y cuantos más lleven, por muy autorizados que estén, menos saludables serán… por muy ricos que estén.
¿Por qué hay un chorizo de marca que no lleva ningún aditivo, sino que es lo que debe ser, es decir carne de cerdo, pimentón y sal y hay otros, por supuesto de marca blanca, elaborados por el mismo fabricante que pueden llevar 2 o 3?
Pues sencillamente porque las marcas blancas aprietan tanto al fabricante para conseguir un precio más económico, que éste se ve obligado a añadir además de la carne de cerdo, que ya no tiene la misma calidad, más “cosas” que traen consigo el tener que añadir los dichosos aditivos.
Bueno, bonito y barato… en alimentación es muy difícil de conseguir, yo diría que imposible.
Como en España en general se toman raciones demasiado grandes de absolutamente todo, completamente desproporcionadas para la vida sedentaria que una gran mayoría de la población tiene, yo os aconsejo que no bajéis la calidad de vuestra alimentación, sino su cantidad.
Es preferible, desde todos los puntos de vista, disfrutar con un trozo pequeño de chorizo, por ejemplo, de clase extra, que es el que más proteína tiene y menos grasa, masticándolo despacio y saboreándolo, que tomar un trozo grande de un chorizo de mala calidad, con un alto porcentaje de grasa, aunque al paladar resulte buenísimo.
Estaréis ingiriendo menos grasa saturada, luego un beneficio para vuestra salud cardiovascular, y menos calorías también excelente para vuestra salud en general.
¿Cómo es posible que grandes superficies que ya tenían los precios muy ajustados, y por tanto ya trabajaban con un margen pequeño, hayan rebajado todavía más muchos de sus productos alimenticios?
Preguntárselo a los fabricantes de aceite de oliva virgen, por ejemplo, o de leche, o de embutidos…
¡¡¡Les están literalmente asfixiando!!!
Porque las que han bajado sus precios indefinadamente, podría ser porque tenían establecidos unos márgenes enormes, y ahora, muy inteligentemente y ante la crisis, se han dado cuenta de que más vale «muchos pocos que pocos muchos».
Si estabais acostumbrados a un determinado producto de marca porque era bueno y ahora no lo encontráis, rebuscad hasta que deis con él.
Ya sé que eso requiere tiempo, que es escaso, pero es la única manera de que dicha empresa sobreviva:
♦ O se “prostituye” y termina claudicando ante las exigencias de la gran superficie,
♦ O desaparecerá del mercado.
¡¡Así de fácil y así de triste!!