Cuando se quieran congelar correctamente ciertos alimentos pequeños como las croquetas crudas o fritas, las albóndigas crudas, las fresas, frambuesas, moras, grosellas…, las habas y los guisantes desgranados… para que queden sueltos dentro de un paquete sin formar un bloque compacto hay que utilizar el método llamado “congelación al descubierto o por contacto”.
También se emplea este método en pastelería para congelar trozos individuales de tarta, petisús vacíos o rellenos como son los bocaditos de nata, merengues…
Si se trata de frutas rojas, lavarlas si procede, secarlas muy bien con papel absorbente de cocina, esparcirlas sobre una bandeja lo más grande posible pero que quepa en el congelador, en una sola capa y sin que se toquen unas con otras.
Si se trata de frambuesas y moras, no se suelen lavar, pero en el caso de las fresas, lavarlas primero y retirles después el rabito para que no se «desangren» si se hace al revés.
Algunos fabricantes de congeladores verticales ya suministran esta bandeja con el aparato.
Si se trata de croquetas o de albóndigas crudas esparcirlas de la misma manera sobre la bandeja, y si se trata de croquetas fritas, esperar a que se enfríen previamente sobre papel absorbente de cocina para que pierdan la mayor cantidad posible de aceite y hacer exactamente lo mismo. Es indispensable para obtener buenos resultados después de la congelación que las croquetas estén bien fritas y que no se hayan reventado ni «desinflado» después de la fritura sino que hayan quedado con su bonita forma habitual.
Introducir la bandeja en el congelador a la máxima temperatura de frío. Cuando estos productos estén completamente duros, es decir totalmente congelados, como piedras, sacar la bandeja y envasarlos en bolsas o en tuppers aptos para la congelación volviéndolos a introducir en el congelador dónde duran en perfecto estado varios meses y en el caso de las frutas rojas de una temporada para otra.
Las albóndigas caseras cocinadas se pueden congelar perfectamente acompañadas con su salsa siempre que no se le haya añadido maicena al elaborarla.
Personalmente, para guardar estos productos delicados ya congelados, como las albóndigas o las croquetas crudas o fritas, prefiero recipientes de plástico herméticos tipo tuppers, cuadrados o rectangulares porque se pueden apilar, ya que su contenido no va a sufrir deformaciones al manipular el congelador.
Pero si no tenéis demasiados recipientes de este tipo, envasarlos en bolsas especiales de congelación y guardarlas en una zona donde no vayais a estar tocando todos los días. Aunque están sólidos, las croquetas, las fresas o las albóndigas… se podrían deformar si los apretamos o espachurramos con otros productos voluminosos.
Las frutas rojas congeladas no sirven para tomarlas después en crudo porque pierden su textura y aparecen blandas y deslavazadas por su alto contenido en agua que de alguna manera las “rompe” por dentro, aunque algunas frambuesas, moras y grosellas, escogiendo las más bonitas después de descongeladas y secándolas bien sirven para colocar como adorno encima de una tarta ya elaborada.
Pero, para lo que sirven estupendamente es para elaborar, sin descongelarlas, sorbetes y helados caseros que se van a servir a continuación sin pasar de nuevo por el congelador como veremos dentro de unos días en otro post.
Si os sobran por el motivo que sea y va a empezar la nueva temporada descongelarlas dentro de su envase, secarlas un poco con papel absorbente de cocina para eliminar parte de su gran cantidad de agua y transformarlas en mermelada.