El acoso continuo a los microondas en muchos medios de difusión, sobre todo en Internet, se debe, con toda seguridad, a intereses creados.
Y si tienen como sujeto “Fwd: Fwd: Fwd: Fwd:”, son mails que se han ido mandando rápidamente, de mano en mano como si se tratara de un asunto de vida o muerte.
La mayoría de las veces son “de juzgado de guardia” porque proporcionan una información que suele ser completamente falsa, pero muchos los reenvían sin ni siquiera pararse a pensar si pueden ser o no ser ciertos.
De la misma manera que no hay que creerse todo lo que nos dicen o cuentan de viva voz, tampoco hay que creerse todo lo que se ve o lee en la Red, donde está todo lo bueno pero también todo lo malo.
Por eso los médicos de verdad se echan las manos a la cabeza cuando reciben a un paciente que, gracias a Internet, ya ha hecho él mismo su propio diagnóstico y, si nos descuidamos, hasta la valoración y tratamiento de su “posible enfermedad”.
Para poderse tomar en serio un mensaje hay que considerar ciertos puntos:
¿Procede de alguien con una cierta formación seria y consistente?
¿Cita fuentes en las que se puede confiar, como revistas científicas o periódicos serios?
¿Demuestra conocer el tema a fondo porque lo lleva estudiando mucho tiempo?
Los primeros microondas que aparecieron en el mercado en nuestro país, allá por los años 60 o 70, engañaron desde el principio al consumidor porque en su publicidad hablaban de “asar un pollo”, elaborar una tortilla de patata, o hacer una paella… cuando en un microondas sencillo, como los de aquella época, ni se podía hacer una paella, ni una tortilla con calidad, ni un pollo asado… por mucho que se le untara con manteca para que cogiera algo de color.
Ahora, en las redes sociales, este acorralamiento de los microondas se ha acentuado, hasta por personas que con una titulación, y con el único afán de vender sus libros, hablan pestes de ellos sin haberse documentado suficientemente.
Entre las muchas “cosas” que me mandan continuamente están las siguientes:
1. Comer continuamente comida procesada en un horno de microondas causa daño cerebral permanente a largo plazo, debido a “cortos circuitos” de los impulsos eléctricos en el cerebro.
Esto ni siquiera merece un comentario ya que no saben ni lo que dicen.
Lo que sí es malísimo, pero en eso no se meten, es comer continuamente comida procesada, se caliente dónde se caliente.
2. El cuerpo humano no puede metabolizar los productos desconocidos creados en la comida preparada para ser calentada en el microondas.
¿Por qué no citan, aunque solo sea uno de los productos desconocidos que se crean?
¿Además, si son desconocidos, cómo se conocen?
3. La producción de hormonas masculinas y femeninas es alterada como resultado de comer continuamente alimentos cocinados en el horno de microondas.
¿Quién ha dicho tamaña majadería?
4. Los efectos de la comida de microondas son residuales (permanentes y de largo plazo) dentro del cuerpo humano.
¿Qué efectos residuales? Vuelven a demostrar que ni siquiera entienden lo que dicen.
5. Los minerales, vitaminas y nutrientes de toda la comida de microondas son reducidos o alterados y, por consecuencia, el cuerpo humano obtiene poco o nulo beneficio.
Las vitaminas termolábiles, y se ha demostrado científicamente, al no sobrepasarse normalmente los 100º, al cocinarse en su propio jugo, sin necesidad de añadir nada de líquido, y al necesitar tiempos muy cortos, se conservan mucho más que en cualquier otro método de cocinado, y en cuanto a los minerales, al cocinar sin añadir nada de agua, se mantienen dentro de los alimentos y no hay pérdida alguna.
Por eso unos espárragos verdes, o unas espinacas cocinadas correctamente en un microondas, por muy sencillo que sea, conservan su bonito color verde, sin necesidad de añadirles nada, ni de refrescarlos después de la cocción, como todavía se aconseja.
Otra cosa es lo que aconsejan algunos fabricantes con su “función vapor” utilizando para ello un recipiente con una especie de cestillo y añadiendo agua debajo.
Y para más inri, el recipiente es de plástico, material que no se debe usar nunca en un microondas.
6. Los minerales en los vegetales son alterados y se convierten en radicales libres cancerígenos cuando son calentados en horno de microondas.
Otra estupidez que no merece ni comentario.
7. Los alimentos del microondas causan crecimiento de tumores cancerígenos en estómago e intestino.
Esto puede explicar los cada vez más frecuentes casos de cáncer de colon en los Estados Unidos y otros países desarrollados.
La incidencia del cáncer de colon ha aumentado en todo el mundo, no porque se use el microondas, sino porque no se toma suficiente fibra.
La Organización Mundial de la Salud, OMS, aconseja por lo menos 6 g de fibra diaria, y en España no se llegan ni a 3.
Y si coméis fuera de casa a menudo, en muchos restaurantes, normalmente, es difícil encontrar fruta fresca y las verduras que acompañan a la proteína suelen estar en cantidad mínima, como adorno o guarnición, nada más.
Y la carne, normalmente, va acompañada de patatas fritas… la mayoría de las veces también industriales, prefritas en aceites vegetales como el de coco y palma.
8. El consumo prolongado de alimentos calentados en microondas incrementa las células cancerosas en la sangre.
¿Hay alguien serio, que lo haya demostrado?
9. La ingestión continua de comida de microondas provoca deficiencias en el sistema inmunológico por las alteraciones causadas en la glándula linfática y el plasma sanguíneo.
¡Siguen sin saber ni de lo que están hablando!
10. El consumo de comida de microondas causa pérdida de memoria, de concentración, inestabilidad emocional y decremento de la inteligencia.
Pues si esto fuera cierto, media humanidad estaría «lela» del todo, ya que en cualquier sitio, por muy humilde que sea, hay un microondas, aunque solo lo usen para calentar.
11. De acuerdo con los especialistas, lo más óptimo es cocinar en un horno convencional, debido a que son baratos, tienen ventilador que distribuye el calor de una forma uniforme y es mucho más seguro; sin embargo, tú eres el único que puede decidir si te quedas con el horno de microondas.
Este último párrafo requiere él solito varias aclaraciones y demuestra «de qué pie cojean» las afirmaciones anteriores.
De acuerdo con los especialistas, lo más óptimo es cocinar en un horno convencional, debido a que son baratos,
¿Qué especialistas?
Si se trata de un horno tradicional de marca medianamente buena, no son nada baratos y cuestan bastante más que un microondas sencillo aunque tenga una buena potencia.
Y hoy es imprescindible que un horno convencional tenga la función turbo o ventilador, la mejor de todas, es decir aire caliente envolvente porque así se consigue la misma temperatura en toda la cavidad del horno.
Esto es toda una campaña orquestada, según lo que parece en el párrafo 11 por algún o algunos fabricantes de hornos convencionales que han visto disminuir considerablemente sus ventas, porque los hornos convencionales no hacen muchas “cosas” que sí hacen los microondas a diario, pero estos últimos tampoco hacen lo mismo que un horno tradicional y ya sabéis que en la lavadora no se pueden lavar los platos y en un lavaplatos no se puede lavar la ropa, son electrodomésticos con sus funciones bien definidas y totalmente diferentes.
Estos hornos de toda la vida son lentos, gastan muchísima energía, resecan carnes y pescados, y para evitarlo hay que añadir una cantidad mayor de aceite, cuando la cantidad del mismo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, OMS, es de 4 cucharadas diarias, es decir 40 g = 360 calorías.
Además, para los asados tradicionales, se siguen aconsejando temperaturas demasiado elevadas, 200º o 210º, cuando se sabe que nuestro maravilloso aceite de oliva virgen extra empieza a polimerizarse, es decir a desdoblarse en subproductos a partir de los 180º.
Todavía se ve dorar una pieza grande o pequeña de carne en la sartén, y luego pasarla al horno para que se termine de hacer por dentro cuando esto es totalmente innecesario.
Si las carnes se dorna muy bien, para que sus proteínas se coagulen por fuera formando una buena costra dorada, luego se deben terminar de asar en el mismo utensilio en el que se han dorado que, si tiene un buen fondo difusor, podrá incluso taparse para que finalice el asado con su propio jugo, sin resecarse y sin salpicar.
Sin embargo son peligrosos por las altas temperaturas que se consiguen y que pueden llegar a quemar si no se toman las medidas oportunas, mientras que los microondas sencillos son baratos y los pueden usar hasta los niños o personas con algún tipo de discapacidad.
Si se hace mucha bollería casera o mucha pastelería, o muchas preparaciones con masas como pizzas, empanadas, quiches… entonces sí que necesitaremos un horno tradicional.
¿Sabéis que ya a algunos, entre ellos a una italiana, cuyo nombre no os indico porque ni merece la pena nombrarla, se les ha ocurrido cocinar en un lavajillas?
¿Hasta dónde vamos a llegar?