Cómo comprar mejor, ¿menos cantidad y peor calidad por el mismo precio?
■ Con el incremento constante del coste de la vida, los consumidores debemos prestar más atención que nunca a lo que realmente compramos. También es lógico intentar ahorrar en la medida de lo posible y evitar gastos inútiles. En este post no me voy a centrar en cómo afrontar la cuesta de enero en el mes de septiembre pese a que siendo el inicio del curso escolar y tras las vacaciones suele ser “duro”, no, en este caso quiero llamar la atención sobre qué compramos y si somos conscientes cuando elegimos. Si quieres aprender varias estrategias, sigue leyendo.
Cuando disminuye la calidad
■ Independientemente de lo que digan que ha subido el IPC, la realidad es que la “cesta de la compra” no cesa de aumentar. Y ante esta situación, los primeros que reaccionan son los fabricantes y comerciantes para maquillar esta subida de precio. ¿Cómo lo podemos apreciar?
- Nos encontramos más grasa en la morcilla o en el chorizo pese a que sea la misma marca y tipo.
- Destacan ingredientes que a priori pueden parecer más saludables, como galletas de mantequilla cuando siguen teniendo otros que no lo son, como la grasa saturada de palma y de coco, es decir, no son únicamente de mantequilla sino que le han añadido una pequeña dosis.
- Dando a entender que se trata de un producto típico al que estamos habituados a ver, como el queso rulo de cabra pero fabricado con ingredientes más económicos, dando lugar a queso rulo de vaca, si se lee con atención.
- Dulces artesanos o caseros que hacen creer que son más naturales cuando llevan ingredientes totalmente artificiales así como grasas de palma, aditivos de varios tipos, etc.
- …
■ «Mismo» producto con “matices” puesto que le han quitado calidad aunque no cantidad. Encontramos gazpacho envasado con mezcla de aceite de oliva y de girasol y no únicamente de oliva pero ¿en qué porcentaje se encuentra cada uno? Abaratan el producto pero no dan visibilidad de ello para que no nos demos cuenta. Esta práctica se conoce informalmente como «cheapflación».
El mismo envase con menos producto
■ ¿Sabéis qué es la «reduflación»? Bajo este nombre tan rimbombante no hay nada más que la clásica disminución del tamaño en un mismo producto para que no sea tan evidente la elevación de precio. Y esto ocurre tanto en alimentos como en otro tipo de mercancías. Sin ir más lejos, ¿habéis notado cómo un bote de crema solar va «encogiendo» de año en año? Artículos que antes tenían una determinada cantidad ajustan los envases para que incorporen menos y mantener el importe. Aparentemente seguimos identificando el color, el envase, la marca, pero no reparamos en que el contenido ha disminuido. Pagamos un dinero equivalente al que estamos acostumbrados pero por menos cantidad, luego sube el precio por kilo o litro.
■ Un mismo producto con un tamaño similar no contiene la misma cantidad. En este caso, tenemos dos latas de atun en aceite, aparentemente iguales pero donde en cada lata hay 10 g de peso neto de diferencia.
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Los formatos ahorro no siempre son más baratos
■ Otra práctica habitual es llamar “familiar”, “ahorro”, “maxi” o «XXL» a formatos que no siempre son más baratos proporcionalmente por unidad. Como solemos estar acostumbrados a que cuanta más cantidad más económico, caemos en este reclamo publicitario.
Papel, bolsas y detergentes: cómo compararlos para elegir el más adecuado
■ El papel higiénico es uno de los productos más confusos, principalmente porque hay una gran variedad: rollos dobles o compactos o estándares, de doble o triple capa, paquetes familiares, número de rollos, metros por rollo y tamaño de hoja variable… Aunque los supermercados indican el precio unitario ¿en base a qué lo hacen? Realmente deberíamos mirar el número de metros de papel higiénico que adquirimos de una misma calidad, es decir, ya sea de doble o triple capa, en lugar de comparar número de rollos o de servicios puesto que este dato oscila.
■ En ocasiones nos hablan de «doble longitud» porque tienen 40m frente a los 20m más habituales pero encontramos rollos con menos metros. A veces, como en este caso, nos especifican las dimensiones de cada servicio pero con frecuencia, no.![]()
■ En las servilletas de papel, el tamaño suele ser más estándar pero conviene fijarse en el número de capas y en cuántas unidades incorpora el paquete.
■ En el papel de cocina el número de servicios puede oscilar considerablemente puesto que algunos ya se encuentran perforados a la mitad de tamaño. Por tanto, influye el número de hojas o servicios, la dimensión de cada hoja, el número de metros y las capas. Si la medida del servicio no varía considerablemente entre marcas, basaros en los metros y capas para identificar fácilmente cuál os compensa más.
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■ En las bolsas de basura de comunidad o de jardín ocurre algo parecido: palabras como “extrafuerte” o “jardín” no garantizan un resultado mejor y las de «jardín» pueden llegar a costar ¡casi el doble! Lo que importa es el material, el grosor y la resistencia y por supuesto el tamaño de la bolsa y el número que incluye el paquete pero curiosamente, a igualdad de tamaño y número de bolsas podéis encontrar económicas que aguantan más. Muchas veces nos venden que llevan un cierre sencillo que, sin embargo, se rompe en cuanto se intenta cerrar la bolsa una vez llena… Por tanto, no compréis porque parezca más adecuada para vuestro fin por la «denominación» sino por el resultado.
■ ¿Y qué me decís del detergente de la lavadora? Nos venden número de lavados pero ¿sabéis de qué volumen?¿es el mismo en todas las marcas?¿compráis por tamaño de detergente o cuanto más número de lavados? Generalmente, a mayor concentración de producto, menor cantidad se precisa. Normalmente, los fabricantes indican la dosis recomendada por lavado según la suciedad y la dureza del agua y considerando una carga de ropa media. Esto significa que, por regla general suponen que se trata de una suciedad media, agua blanda y una carga que suele rondar entre los 4,5 – 5 kg.
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■ Algunos aportan algo más de información, para orientar mejor en otras circunstancias pero, como podéis apreciar, pueden existir ciertas variaciones entre marcas y, por tanto, no sólo se trata de mirar el precio por lavado sino también la cantidad a emplear en cada caso.
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■ Si tenéis la costumbre de poner la lavadora con bastante ropa, normalmente necesitaréis bastante más cantidad de detergente y si está muy sucio o laváis con agua dura, aún más… Para saber si una marca ofrece un producto más rentable o engañoso, se debe mirar la dosis que emplean para calcular el número de lavados en cada envase y el volumen total de éste para evaluar cuál se consumirá antes y cuánto estáis pagando por él. Además, para hacernos creer que nos están dando mayor número de lavado no es raro encontrarnos con dos cifras sumándose.
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Consejos de cocina y nutrición
■ El detectar que un producto ha empeorado la calidad de sus ingredientes es muy importante puesto que podemos estar adquiriendo alimentos con más almidones, aceites de peor calidad, mayor número de aditivos, materias primas de orígenes que quizás no queramos, con menos cacao o menos huevo, …
■ Cuando comprar mayor cantidad tenga sentido puede ser una opción. No obstante, si lo que compensa es comprar un producto que no es saludable desde un punto de vista nutricional, pensadlo dos veces antes de seleccionarlo. A muchos, de vez en cuando, nos puede apetecer «un capricho» o tener puntualmente un producto que sea socorrido por si alguien viene de visita a casa pero no hay que olvidar que, si tenemos mayor cantidad, será más fácil caer en la tentación y consumirlo no solo en una ocasión especial sino mucho antes… De este modo, no solo no ahorraríamos a la larga sino que nuestra salud se vería impactada.
■ Por el contrario, hay llamadas de atención para incentivar la compra de productos que simulan ser más sanos. Últimamente vemos por todas partes anuncios de «proteico» o «fitness» o «sin azúcares añadidos» pero ¿son mejores por ello? Antes de dejaros llevar por el impulso, analizad si realmente necesitáis ese artículo y si, de verdad, es más sano del que normalmente compráis.
Consejos de organización y productividad
■ ¿Qué podemos hacer por nuestra parte?
- Preguntarnos cuál es el precio por cantidad de producto, que a menudo se muestra expuesto en carteles próximos. Como hemos visto en el caso del papel higiénico, leer bien el número de metros y calidad que lleva cada rollo
- Mirar bien las etiquetas en lo que se refiere a los ingredientes para identificar si antes llevaba alimentos de mejor calidad o no llevaba otros que abaratan y que ahora han añadido
- En ocasiones se indica el precio/kg pero no siempre está bien calculado. Si os llama la atención, calculadlo rápidamente vosotros con una simple regla de tres. Tened en cuenta que dicho valor debe obtenerse sobre el peso neto sin considerar el envase ni el líquido.
■ ¿Miráis lo que cuesta un artículo «tal cual» o a cuánto sale el kilo o en función de la cantidad de producto que lleve? No sólo es cuestión de precio, sino de pagar en función de la cantidad y, por supuesto, de la calidad. Desgraciadamente, estar atentos para minimizar engaños nos supone un tiempo que no siempre tenemos o no queremos emplear en esto.
■ Es frecuente encontrar un mismo alimento en diferentes modalidades, como ocurre con las bolsas de espinacas de cuarta gama unas se venden como brotes tiernos o «baby», en envases de 100 g y otras no siendo la diferencia de precio ¡de casi el triple! puesto que suelen traer 3 veces más de espinacas. Para una ensalada u ocasión en la que realmente queramos lucir unas bonitas hojas de espinacas, puede merecer la pena elegir las más caras pero, si las vamos a emplear para cocinar al vapor o para una crema y no se va a apreciar el tipo de hoja, compensará optar por la que es más económica ¿os habíais fijado? Generalmente vamos con tanta prisa por la vida y también a la compra, que puede que a más de uno se nos escapen estas cosas…
■ El precio siempre debe llevar incluido los impuestos.
■ Si por casualidad, al ir a pagar os quieren cobrar más de lo que aparecía mostrado en el cartel del producto, no lo dudéis, reclamad que lo revisen para que os cobren lo que se indicaba en la etiqueta. En algunos establecimientos no han reflejado ofertas que están publicadas en su web. Aquí también la oferta y sus condiciones económicas los vinculan por lo que, notificándolo, os cobrarán lo que se indica en el cartel o etiqueta u oferta de la web independientemente de que se trate de un error que no se haya reflejado correctamente al pasar por caja. Aunque quizás os sorprenda, esta situación ocurre mucho con mucha mayor asiduidad de la que podéis pensar y a menudo en productos rebajados, no se ha actualizado el precio y si no os fijáis, os cobrarán de más…