Hace unos años las sartenes eran un «horror» porque todas eran bajitas y salpicaban por todo su alrededor.
Quizás por eso dejé de usarlas, siempre que podía, buscando y encontrando otras alternativas mejores, más cómodas, útiles y eficientes.
Ésta es una de las múltiples razones por las que uso bastante poco la sartén tradicional.
Los 4 requisitos más importantes que debe tener una buena sartén eficaz son:
1. Que tenga un diámetro suficiente para que quepa con facilidad lo que normalmente vayamos a freír.
No hay nada más angustioso que cocinar en un recipiente con poco diámetro, es decir con poca superficie útil en el que los alimentos, a la hora de dorarlos o freírlos, no se pueden ni mover.
Solamente en el caso de que vayamos a freír huevos con puntillas, es preferible utilizar una pequeñita en la que el huevo quede más recogido, y que solo se usará para eso.
2. Que tenga los bordes altos para que salpique menos, dato muy importante, aunque para el fabricante este detalle no le importe en absoluto.
¿Os habéis fijado que casi ninguna marca, salvo las muy modernas, especifica esta altura?
Pasó lo mismo con las ollas superrápidas que solo indicaban su capacidad, cuando además de su volumen es muy importante saber su superficie útil, es decir su diámetro.
Bastó que en Internet se hablara de este “pequeño detalle”, que de pequeño no tiene nada, para que inmediatamente muchos cambiaran y nos lo detallaran.
¿No os habéis preguntado el por qué no aclaran la altura de las sartenes?
Pues porque normalmente están diseñadas por personas, quizás hombres aunque no forzosamente, que buscan más la línea y el diseño que la funcionalidad y eficacia de las mismas, y no les importa si son cómodas a la hora de usarlas, si salpican o no, si simplifican la vida o la complican, en definitiva si nos ayudan o no a ser más productivos.
El menaje de cocina es hoy cada vez más bonito, para que entre por los ojos, pero yo me atrevería a decir que cada día menos práctico tanto a la hora de usarlo, como de cocinar o de fregarlo.
Por ello no os recomendaría ninguna sartén de las que aparecen en este enlace.
Una buena opción, sin embargo, sería la que veis en este segundo enlace, porque tiene los bordes altos, es de hierro fundido, o colado, vitrificado en su interior y por fuera es esmaltada en negro satinado, parecida a la que yo tengo desde hace muchos años, muy importante a la hora de fregarla como veréis en otro post.
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¿Pero os compensa el precio, casi igual que el de una olla superrápida, la olla-sartén de 5 litros por ejemplo, que sirve para muchísimas cosas más?
Las sartenes de hierro mineral de Buyer, por las que una seguidora me preguntaba el otro día, son todas planitas, y ya su pinta no me gusta.
3. Que también tenga un cierto precio, sin subirse a la estratosfera.
¡No conozco ninguna sartén barata que sea buena!
Aunque os cuesten dinero y os parezcan caras, si se fríe bien en ellas y se limpian con facilidad, al final os resultarán baratas y os durarán mucho tiempo en perfecto estado.
Ésta sería el prototipo de sartén barata y de poca calidad, que se os pegará en cuanto la uséis porque su acero es demasiado endeble, tanto en las paredes como en su fondo difusor.
Además, si tenéis la costumbre de verter su contenido, en una fuente o en un plato, como si de una jarra se tratara, algo que no se debe hacer como ya veremos en el post del próximo día, se os «chorreará» por fuera, y si no la fregáis cada día también por fuera, algo que no hace falta como también veremos, estos chorreones se irán fijando con el calor, después os costará un montón eliminarlos y se quedará sucia para siempre.
En cuanto a altura sería buena, pero nada más.
4. Así que os aconsejo que no sean por fuera de acero inoxidable brillante, porque se ensucian muchísimo, se ponen feísimas a los muy pocos usos, y os costará limpiarlas.
Mucho mejor si el exterior es satinado y oscuro.
Además de la sartén de hierro colado o fundido cuya foto habéis visto anteriormente, podría ser ésta otra que es la única que he encontrado en la que aclaran su altura, 5 centímetros, algo estupendo.
Según el fabricante de éstas últimas, ya que no las he usado porque la mía está nueva, están construidas en aluminio fundido a 20.000º y recubiertas de una fina capa de titanio antiadherente, lo que las hace extremadamente robustas y conservan el calor distribuyéndolo uniformemente en toda su superficie, con el consiguiente ahorro de energía.
Su capa antiadherente de titanio permite reducir el uso de aceites o grasas en la cocción, lo cual siempre es saludable.
Se fabrican en Alemania con una tecnología avanzada, con productos de altísima calidad, y cumplen con toda las certificaciones del Instituto Federal Alemán de Sanidad.
Mención aparte merecen las consabidas sartenes antiadherentes de teflón.
Como hay toda una polémica en Internet dónde, ya os he explicado en varias ocasiones está todo lo bueno pero también todo lo malo, quisiera aclarar que el verdadero revestimiento milagroso que descubrió Dupont en 1938, Teflon® tiene que llevar su correspondiente logo ®, ya que la mayoría de las veces cuando se habla de un revestimiento antiadherente teflón no se trata del auténtico.
Teflon® es una marca comercial registrada propiedad de DuPont.
Se trata de un polímero fluorado de alto rendimiento similar al polietileno cuyo nombre químico es «politetrafluoroetileno» o «PTFE.
Este PTFE ha atraído la atención en los últimos años debido a las preguntas que surgieron sobre el PFOA, que es un aditivo que se usaba en el proceso de fabricación de este PTFE.
Para los que no sepan lo que es el PFOA os aclaro que es ácido perfluoro octánico, y que ciertas clases de Teflon, pero no todas, pueden contenerlo.
DuPont empezó a adoptar en 2009 una nueva generación de tecnologías para que el PTFE se pudiera fabricar sin el uso del PFOA y desde el 1 de enero de 2012, ya no utiliza el PFOA para fabricar revestimientos antiadherentes para utensilios de cocina ni utensilios para hornear.
Por último, las sartenes de porcelana o con recubrimiento de cerámica, que muchos habrán adquirido por la novedad, todas las que yo conozco por lo menos, son demasiado planitas.
Puede que sean la alternativa más ecológica y sana al Teflon® siempre que se compren de calidad, pero con certificado de que no contienen metales pesados, ni PTFE, ni PFOA, ni nanopartículas.
Pero su capacidad antiadherente, por mucho que se cuiden, suele durar mucho menos y se rallan con facilidad, dejando expuesta la capa de aluminio que ya sabemos que no es una buena superficie de contacto con los alimentos.
Además, las de mala calidad pueden contener hasta metales pesados.
En mi opinión pueden ser también una sofisticación más para provocar el consumo, como los cuchillos de porcelana, que al final acaban por no cortar.
Todos os habéis enterado, porque es «la última noticia importante» de que ahora ya no basta con comprar alimentos frescos, sino que tienen que ser superfrescos…
¡Pues eso…, estrategias para vender más… de lo que sea!
Ya sabéis que yo os recomiendo siempre y para todo, en crudo para cocinar y más todavía para freír, nuestro maravilloso oro líquido, el aceite de oliva virgen extra.
En el post del próximo día os explicaré la manera más correcta de freír en una sartén tradicional y de limpiarla, algo que también importa, y mucho.
Cuanto menos tiempo estemos en la cocina, mucho mejor, siempre que guisemos de manera saludable, y esto solo se consigue empleando «herramientas» eficaces.