Sandía naranja ¿la has probado?
■ ¿Habéis visto alguna vez una sandía naranja por dentro en vez de roja? Ahora ya podéis encontrarla en una conocida marca de supermercados.
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■ ¿Cómo es posible? Se trata de una injerto con calabaza, que es la que le proporciona ese nuevo color. Sin embargo, la textura y el sabor es similar a la sandía tradicional aunque ligeramente más dulce. Como siempre, claro, dependerá de la «suerte» que hayamos tenido al elegir la fruta, ya que, a veces, nos saben insípidas o un poco «pepino»…
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■ Un injerto consiste en la unión de una planta (el injerto) a otra planta (el patrón) para que crezcan juntas. Con este método se obtienen variedades mejoradas, a menudo, con nuevas características y más resistentes a las enfermedades aumentando la productividad. No implica ninguna modificación genética, a diferencia de los alimentos transgénicos.
■ ¿Y a qué responde encontrar estas curiosas sandías, «consumismo al poder» o «innovarse o morir»? Como ocurre en muchos otros aspectos de la vida, a un interés en adaptarse a la demanda del mercado. Hace años, las únicas sandías que se encontraban tenían muchas semillas negras y se ha ido evolucionando de manera que, cada vez más, las que se encuentran apenas tienen alguna.
■ Antes sólo se encontraban en verano y hoy en día podemos degustarla durante casi todas las estaciones aunque sea de invernadero o importada, cosa que en el pasado era prácticamente impensable.
■ De modo similar, hace unos años, únicamente se podía adquirir una sandía entera pero, fruto de las necesidades actuales, ya es común encontrarla partida por la mitad y envasada con plastifilm por su superficie.
■ Su forma es ovalada y el color de la piel intermedio entre las sandías verdes con piel más oscura y las que la tienen verde oscuro con rayas más claras, recordando a la calabaza de cidra. Intentad escogerla sin daños en la corteza, no como la de la foto.
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■ El precio de las sandías, en general, se ha incrementado notablemente en los últimos años, el 511% entre el campo y la distribución, pagándose al productor de media tan solo a 0,36 €/kg cuando en la distribución puede llegar a los 2,20 €/kg. En el caso de la sandía naranja, al ser más exclusiva y producirse en menor cantidad, se comercializa, incluso, con un valor superior.
■ Si bien aquí en España resultan una novedad, en otros países asiáticos son habituales y se está extendiendo su popularidad por Europa, Estados Unidos, Canadá y Nicaragua. Sin embargo, China es el mayor consumidor de sandías a nivel mundial tanto de las rojas como de aquellas con pulpa naranja y también es el mayor productor gracias a las horas de luz y bajas precipitaciones.
■ Nutricionalmente, se trata de una variedad de sandía que tiene casi las mismas propiedades que la que estamos acostumbrados a encontrar, con ciertas diferencias. Lo más destacable de la naranja es la cantidad de betacaroteno que incorpora en detrimento de licopeno respecto a la roja. El betacaroteno es beneficioso para los ojos y también tiene propiedades antioxidantes, aunque menos que el licopeno.
■ La sandía naranja aporta un contenido ligeramente superior de vitamina C aunque ambas proporcionan más del 10% de la cantidad diaria recomendada.
■ Es baja en calorías, gracias a la enorme cantidad de agua, alrededor del 90%, lo que facilita la hidratación, aunque al ser normalmente algo más dulce, tiene algunas más que la sandía típica.
Consejos de cocina y nutrición
■ Si la sandía, una vez abierta, se va a consumir a los pocos días y no inmediatamente, envolver bien el trozo que queda en plastifilm, como si se tratara de medios frutos, procurando que el paquete quede bien cerrado para que no chorree al exterior.
■ Para evitar tener que está cortando rodajas cada vez que os apetezca comerla, también podéis partirla en trozos guardándolos en un túper listos para consumir. Si lo llenáis bien, como si se tratara de un producto cocinado, para que contenga la mínima cámara de aire, os aguantará varios días. De esta forma, no os dará pereza comerla, ni a vosotros ni a vuestros hijos, que podrán cogerla directamente de la nevera como alternativa sana, poco calórica y muy refrescante, especialmente en verano.
■ Las sandías son más perecederas que los melones y se conservan mejor todo el tiempo en el frigorífico, incluso si están enteras (y os caben).
■ Para elegir bien una sandía, aconsejan darle unos golpecitos suaves para escuchar el sonido obtenido. Si éste es hueco, será muestra de que está jugosa y madura. También conviene optar por una sandía que sea pesada para su tamaño, indicativo de que estará llena de agua y jugo, lo que proporcionará mayor dulzura. Algunas tienen en su exterior una mancha amarilla, evidencia de que ha madurado al sol con tiempo suficiente para estar sabrosa. Si la compráis ya partida, es importante que os fijéis que la pulpa de la sandía sea firme, sin partes blandas más oscuras y con color vistoso y no desvanecido.
■ Se conservan mejor enteras que las ya partidas, que suelen llevar ya una fecha de caducidad aunque, curiosamente, no especifican cuándo se ha cortado…
■ Optar, como siempre os aconsejo, por la sandía partida que tenga una fecha posterior, puesto que será la envasada más recientemente. En la etiqueta recomiendan que las conservéis en frío tras la compra, práctica que los propios supermercados no hacen….
■ Es una alternativa original si queréis sorprender en casa o a vuestros invitados y podéis emplearla en platos variados, ensaladas, zumos, sorbetes,…
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Consejos de organización y productividad
■ La sandía, sea cual sea su variedad, se puede congelar perfectamente, envasándola en un túper como he mencionado antes o en una bolsa de congelación, sin aire, e introducirlo en el congelador.
■ Es una buena idea congelarla, cuando la sandía os ha salido poco dulce. En ese caso, congeladla en trozos que no sean muy grandes, sin cáscara y sin pepitas, si llevara. Si la vais a usar para sorbete, emplead estos trozos recién sacados del congelador. Para que tengan más sabor añadirles no sólo azúcar, sino algún licor como ron, kirsch, marrasquino… que aumentará su aroma, y un poquito de zumo de limón que hará, no sólo de antioxidante, sino de potenciador del sabor.
■ Al igual que con el resto de las frutas, al tener un elevado contenido en agua, su estructura sufre con el proceso de la congelación modificaciones importantes por lo que luego no es aconsejable usarlos para tomarlos frescos. Se podrían añadir a una macedonia muy variada, pero sabiendo que no estarán tan duritos como frescos.
■ Es recomendable utilizarla sólo en ciertas elaboraciones, puesto que la textura no es la misma que fresca. No obstante, si teméis que se os estropee, es una opción ideal y podréis consumirla en sorbetes, zumos, smoothies, polos caseros…
■ Descongeladlos, como siempre, en la nevera y en su mismo envase, pues al ser alimentos delicados en cuanto termine la descongelación empezarán a deteriorarse. Si os corrieran mucha prisa, los podríais descongelar en el microondas, pero vigilándolos para que tan sólo se ablanden sin llegar a calentarse.