Qué hacer con el hueso de un jamón terminado

Si el jamón es de buena calidad y el jamonero se ha conservado en un sitio fresco a medida que se ha ido cortando, su hueso al final estará en perfectas condiciones, no estará rancio y habrá que sacarle el máximo provecho.

Si tenéis en casa una buena tabla de cocina, una buena herramienta, hacha, sierra… y alguien fornido y mañoso, lo primero que habrá que hacer es cortarlo en trozos no demasiado grandes que os quepan en la olla.

Si no es el caso, se le puede llevar al carnicero-charcutero, si os conoce, para que lo haga él que tiene más práctica y mejores utensilios.

Con estos huesos cortados se pueden hacer varias cosas:

1.  Si no están en absoluto rancios, guardarlos en una buena bolsa de congelación preferiblemente con cremallera o en las que se puede hacer el vacío porque las suministran con una especie de «bombita».

El único cuidado que deberéis tener es que los trozos no tengan esquinas punzantes que la podrían romper, y si así fuera, guardarlos primero en 1 o 2 bolsas normales que harán de “almohadilla”, y luego en una de cremallera expulsando al máximo el aire interior, o en una de las otras.

Cada vez que los necesitéis para un cocido, un potaje, cualquier guiso… los iréis empleando poco a poco.

2.  Otra solución es hacer directamente con ellos un caldo de jamón, y si vuestra olla superrápida no es excesivamente grande tendréis que hacerlo en varias veces.

Si os caben todos de una vez, cubrirlos de agua y cocerlos 5 minutos con las 2 rayitas de la válvula de presión fuera.

3.  Cuando la olla se pueda abrir volcar este caldo en un gran recipiente colándolo previamente por un gran colador de malla finita por si tuviera alguna esquirla de los huesos o «hilachos grisáceos» ya que no lo hemos espumado previamente, operación que hoy debería eliminarse porque nos hace perder tiempo, nada más. Con este colado posterior es más que suficiente.

4.  Si os han cabido todos en una sola olla, podéis volverlos a cocer otros 5 minutos cubiertos de agua nueva. Este segundo caldo tendrá menos sustancia que el anterior por lo que conviene juntarlos después para unificar el sabor.

Si la olla es pequeña y tenéis que hacer varias tandas, con que cocáis los huesos una sola vez será suficiente.

5.  Retirar en cuanto los huesos no quemen toda la carne que queda alrededor del jamón y usarla directamente si es poca cantidad o si os conviene.

De lo contario congelarla en paquetitos para ir usándola poco a poco a medida de vuestras necesidades.

6.  El caldo que habéis obtenido hay ahora que desgrasarlo pues puede estar muy grasiento.

Si el jamón era de auténtica pata negra, su grasa será parecida a la del aceite de oliva y por tanto saludable, por eso al cerdo que come bellotas se le llama «olivo con patas».

Pero si el jamón era corrientito o si queréis eliminar calorías, pero nunca sabor, conviene desgrasarlo.

7.  Para ello volcarlo en recipientes herméticos más o menos grandes dependiendo de la cantidad obtenida, cerrarlos siempre en caliente y cuando estén a temperatura ambiente guardarlos en la nevera hasta el día siguiente.

8.  Entonces retirar con una espumadera de agujeros toda la grasa sólida que ha subido a la superficie y forma una capa más o menos espesa.

9.  Si habéis añadido poca agua, lo que encontraréis debajo de esta grasa no será caldo líquido sino gelatina, porque el jamón tenía todavía mucha sustancia.

10.  Si tenéis mucha cantidad de caldo, o de gelatina, también podéis ahora congelarlo.

Escoger la versión que más os convenga dependiendo de la organización de vuestro hogar.