Yo creo que la mayoría lo sabréis, pero como el otro día oí algo que me extrañó mucho, os lo explico.
Se trataba de un americano culto, viviendo en España hace algunos años, que dio por sentado sin que hubiera ni el menor rastro de duda, que había que tirarla.
¿Hay que tirar la lata, sí o no?
Nunca hay que tirar nada, porque para evitarlo tenemos en nuestras manos el aprender a conservar todos nuestros alimentos, tanto los perecederos como los que no lo son.
Y también es importante saber congelarlos, y hacerlo correctamente es mucho más que abrir el congelador y meter «cosas».
Los resultados posteriores no suelen gustar porque se ha hecho mal desde el principio.
Dejo una palabra en el aire que suelo hacer en todas mis conferencias y charlas
¿A qué temperatura congeláis?
Yo he escrito en varios de mis libros, no en 1 ni en 2, cómo hay que hacer ambas cosas, e incluso en este blog, sin que os cueste ni un céntimo, tenéis amplia información.
Solo se necesita un requisito, querer aprender a hacerlo.
Casi 3 millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año en España, lo que supone, según un estudio realizado, 65 kilos anuales por persona con un gasto aproximado de 250 euros per cápita.
Esta cifra me parece escalofriante si se tiene en cuenta que en muchos hogares no se tira nada en absoluto, lo que quiere decir que en otros muchos la cantidad que se tira es bastante mayor.
¡Y no hay más que abrir algunas neveras para darse cuenta, y ya no digamos el congelador!
Os contaría casos verídicos, que he visto con mis propios ojos, aunque os prometo que no me dedico a abrir las neveras de amigos o conocidos, o que me han contado directamente los que han conectado conmigo interesándose por aprender, y que no os creeríais, ¡alucinaríais!
Y no os cuento nada si se trata de la nevera o cámara de un restaurante, cafetería, bar, pastelería…. ¡¡He visto muchos cientos!!
En el caso de cualquier lata, pequeña o grande, que contenga cualquier producto, da igual el que sea, lo primero que hay que hacer al abrirla es sacar su totalidad a un plato, una fuente… en donde quepa, es decir vaciar totalmente su contenido y tirarla a la bolsa que irá después al contenedor amarillo.
Así que tiramos la lata completamente vacía a la basura … no vaya a ser que luego se tenga la tentación de recuperarla.
Os aseguro que no estoy exagerando nada, ¡ni un pelo!
Por supuesto que lo que nunca hay que hacer es dejar ese resto en la misma lata abierta, totalmente prohibido.
¡Que levante la mano el que no lo haya hecho nunca! Por suerte habrá más de uno.
¿Y si no nos comemos todo su contenido?
Pues lo ideal, sin dejar rodándolo por la cocina, es trasvasarlo a un tupper que a ser posible se quede muy lleno y guardarlo inmediatamente en la nevera.
Por eso, para evitar tirar cualquier clase de comida hay que tener recipientes herméticos de distinto tamaño.
Lo que no se termina en una comida, sea lo que sea, no es un resto, como siempre se califica con aire despectivo, es comida recién hecha que sabiéndola guardar, conservar y calentar correctamente si ha lugar, está tan rica como recién hecha.
¿Y si no tengo tupper y es una cantidad irrisoria, por ejemplo media lata de sardinas en aceite?
Pues aunque lo ideal sería el tupper, y para estos casos aislados serviría uno cualquiera siempre que tuviera el tenedor y la copa grabadas, y los hay muy baratos y de poca calidad, volcaríais este pequeño “resto” recién sacado de la lata, en una tacita, en un bol…, en donde quepa y no sobre mucho espacio vacío, lo taparíais muy bien con film transparente del que pega bien, lo meteríais en la nevera para consumirlo al día siguiente o, como mucho a los 2 días.
Os recuerdo que este film, aun el de calidad, no es del todo impermeable y por tanto no os aísla completamente del aire frío de la nevera.
Congelar un alimento envuelto con este film transparente, como todavía se aconseja, no es ni mucho menos recomendable precisamente por eso.
Hay que aislarlo mucho más introduciéndolo en una buena bolsa de congelación.
Podéis usar primero el film para separar raciones y éstas luego dentro de la bolsa.
Recordar siempre que lo que estropea todos nuestros alimentos a una velocidad vertiginosa es el aire, la temperatura ambiente o temperaturas demasiado altas en la nevera.
¿Pensáis que lo que coméis en los restaurantes, por muchos tenedores que tenga, está recién hecho?
Pues os equivocáis completamente.
Puede llevar hecho muchos días… y sin embargo estar buenísimo.
Con el frío bien utilizado se pueden hacer verdaderas maravillas, y sin perder ni valor gastronómico ni nutritivo.