Cristina Galiano

Cebolla caramelizada apta para diabéticos

Esta receta, que no necesita azúcar, os permite también ahorrar trabajo y calorías como veréis a continuación.

1.  Si tenéis una buena cantidad de cebollas o mejor de cebolletas gordas para caramelizar, por ejemplo 1 kilo, pelarlas, quitarles la parte dura de los 2 extremos, la que lleva las “barbas” tiene más que la otra, y cortarlas en rodajitas finas a mano o con algún artilugio especial para ello, una mandolina sencilla o más de tipo profesional.
Si son muy gordas se pelan más deprisa cortándolas antes por la mitad y también se eliminan mejor las partes duras de cada extremo.

2.  Colocarlas en un gran recipiente redondo, con tapa, con el mayor diámetro posible y apto para microondas, taparlas y cocerlas sin nada a potencia máxima durante 10 minutos.
Al cabo de ese tiempo remover para unificar la cocción y cocinarlas otros 10 minutos.
Como ahora suelen ser muy duras, si veis que no están lo suficientemente blandas, volver a remover y cocinarlas otros 10 minutos más.
Las variedades de cebolla difieren mucho unas de otras y las cebolletas suelen ser mejores que las cebollas secas.

3.  Escurrirlas pues habrán soltado gran parte de su agua ya que tienen muchísima, un 92%.
También durante este tiempo se habrán ablandado.
Es verdad que ya han pasado 30 minutos pero no se ha necesitado vuestra presencia en la cocina más que 3 veces cada 10’ y únicamente para removerlas.
Si no realizáis esta operación y empezáis desde crudas a dorarlas en la grasa… tendréis que estar esos 30 minutos y quizás más removiendo constantemente y, para que no se peguen, tendréis que añadir también más grasa.

4.  Ahora solo tenemos que dorarlas.

5.  En vuestra buena olla superrápida, que vamos a utilizar sin presión, y cuanto más ancha sea su base con más comodidad y rapidez se trabajará, volcar 4 o 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, calentarlo y antes de que humee, volcar las cebollas, tapar con su tapa de cristal y a fuego fuerte y removiendo de vez en cuando con una espátula o cuchara larga de madera, sobre todo larga para que no se os vaya a colar dentro, ir dorándolas.
También podríais usar una cacerola de acero inoxidable con un buen fondo difusor, gran diámetro, 28 cm por ejemplo y su tapa también de acero.
¡Si son de calidad y de marca conocida, cuestan más que una buena olla superrápida!
Olvidaros de la sartén tradicional, que ya veremos en otro post, solo vamos a utilizar en contadas ocasiones.
Por muy honda que sea, es decir por muy altos que sean sus bordes, no lo son suficientemente y salpicaríais toda la placa de calor.
Además, también son difíciles de encontrar y, como suelen durar poco, a la larga resultan más caras que una superrápida, ¡por muy increíble que parezca!

6.  Cuando veáis que ya empiezan a colorearse bajar el fuego, seguir tapando y removiendo hasta que las veáis completamente caramelizadas.

7.  Si tenéis la curiosidad de pesarlas, y yo lo hecho, del kilo primitivo solo tenemos 350 g de cebolla caramelizada, porque son prácticamente agua.
Se pueden conservar así varios días y también congelan estupendamente.

Antiguamente esta cebolla se hacía con mantequilla, y puede que todavía muchos la elaboren así, pero es mucho más sano el aceite de oliva virgen extra que, además, aguanta bastante mejor el calor al ser más estable.
Si queréis que tengan un sabor suave utilizar un aceite como el Arbequina.

La cebolla, a pesar de ser una hortaliza, tiene bastantes hidratos de carbono, 5 g  por cada 100 g, aunque le ganan las zanahorias, las remolachas, los guisantes y las habas, y son precisamente estos hidratos los que se van a caramelizar sin necesidad de añadir azúcar que tiene también sus correspondientes calorías.
Si se elaboran bien, sin que se doren en exceso, resultan exquisitas, con pocas calorías y aptas para diabéticos.

Se les podría añadir, al final de su elaboración, un chorrito de Pedro Ximénez, pero esta sofisticación no es necesaria.

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