Placas de vitrocerámica e inducción pros y contras.
Placas de vitrocerámica.
■ El calor se obtiene de las resistencias eléctricas que llevan debajo de la superficie de vidrio cerámico. Por ello, tardan más en adquirir la temperatura deseada y requieren más energía pero, en contraposición, se pueden apagar antes de terminar la cocción ya que mantienen la temperatura residual, lo que supone un cierto ahorro energético.
■ Permiten el uso de cacerolas de cualquier material, incluso antiguas y de barro.
■ Si cambiáis de repente de cocinar con gas a electricidad, notaréis una gran diferencia a la hora de limpiar las paredes, las encimeras, los armarios y la cocina en general, aunque parezca mentira.
■ La electricidad no mancha nada en absoluto, mientras que con el gas hay una combustión de éste y sus gases engrasan muchísimo.
■ Para que estas placas apenas gasten hay que trabajar siempre con ollas o cacerolas con un buen fondo difusor plano que se quede como pegado a la superficie de la placa.
■ Las placas vitrocerámicas son más económicas y, por tanto, accesibles para todo el mundo.
Placas de inducción.
■ Son muy cómodas, porque no se calienta más que el recipiente en el que se está cocinando y, por tanto, se reduce el riesgo de quemaduras.
■ Son muy rápidas con lo que ahorran un 30% de energía, aproximadamente, respecto a las vitrocerámicas tradicionales.
■ Al no calentarse la superficie, en el caso de que se os caiga algún alimento, éste no se quemará y será más fácil de limpiar.
■ Se comportan muy mal con las ollas superrápidas que siempre aconsejo y hay que estar continuamente poniéndolas y quitándolas de la fuente de calor. Y, por supuesto, no se os ocurra emplear ollas de barro o cerámica, puesto que requieren un metal para transmitir el calor por electromagnetismo.
■ Su precio es considerablemente superior al de las vitrocerámicas.