Cristina Galiano

Los aditivos de la comida procesada podrían contribuir a la obesidad

Los aditivos de la comida procesada podrían contribuir a la obesidad.
Desde hace mucho tiempo se sabe que los microorganismos del intestino humano, llamados también flora o microbiota intestinal, desempeñan un papel importante no solo en nuestra salud digestiva sino también en la general.
Concretamente el intestino humano alberga en su interior una enorme cantidad de estos microorganismos, aproximadamente 100 trillones, es decir 10 veces más que células humanas.
De esta inmensurable cantidad unas 2.000 especies bacterianas son diferentes, y entre ellas solamente 100 pueden llegar a ser perjudiciales.
La gran mayoría de estas bacterias no son dañinas para la salud, y muchas son beneficiosas.
Habitan además en diversas partes del cuerpo humano como en la piel, la nariz, la boca, los intestinos…

Sin embargo, investigaciones más recientes indican que esta microbiota intestinal podría estar relacionada con aspectos más generales de la salud, incluida la obesidad y la salud metabólica.
Según un estudio que apareció hace muy poco en la revista Nature, realizado con ratones, parece ser que estos cambios en la flora intestinal podrían alterar estas poblaciones bacterianas que existen en nuestro tracto digestivo favoreciendo el riesgo de enfermedades intestinales en general y concretamente la Enfermedad Inflamatoria Intestinal o EII que incluye la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, y que afectan a millones de personas, resultando con frecuencia graves y debilitadoras para los enfermos.

También favorecería la aparición del síndrome metabólico que, como ya sabéis, es una enfermedad derivada de la obesidad que reúne un conjunto de enfermedades como la diabetes, la hipertensión, la hipercolesterolemia y otras enfermedades del corazón e hígado…

Según este estudio ciertos aditivos bastante frecuentes en la comida procesada, como los emulsionantes, que se utilizan para mejorar la textura de la comida y para prolongar su duración, podrían ser los responsables de este cambio en la flora intestinal.
Entre los más usados están el E-442 o fosfatidasa de amonio, el E-444 o acetato isoburato de sacarosa, el E-471 mono y diglicéridos de ácidos grasos…
Es importante anotar que esta investigación realizada con los roedores no siempre resulta equivalente en los humanos.
El estudio no se diseñó para mostrar si los emulsionantes podrían o no provocar problemas de salud en los humanos.

Sin embargo los autores del estudio constataron que desde mediados del siglo XX, cuando empezó el boom de esta abundancia de productos procesados, habían aumentado considerablemente este tipo de enfermedades, el EII y el síndrome metabólico.
«Una característica clave de estas plagas modernas es la alteración de la microbiota intestinal en una forma que fomenta la inflamación», señaló en un comunicado de prensa de la Universidad Estatal de Georgia el colíder del estudio, el profesor Andrew Gewirtz, del Instituto de Ciencias Biomédicas de dicha Universidad.
El Dr. Benoit Chassaing, que también trabaja en este Instituto de Ciencias Biomédicas, y también participó, añadió que «el aumento dramático de estas enfermedades ha ocurrido a pesar de una genética humana constante, lo que sugiere que el factor ambiental desempeña un papel fundamental».
El Dr. Chassaing explicó que «la comida interactúa de forma íntima con la microbiota», así que las adiciones modernas a estos alimentos perjudiciales, siempre que se tomen en cantidad, como sucede en la actualidad, podrían quizá hacer que las bacterias intestinales fomentaran más  esta inflamación».
Algo parecido sucede con los jarabes de glucosa y fructosa, que están por todas partes en la comida industrializada y que, según parece, también contribuyen a la obesidad.
Los investigadores diseñan ahora experimentos para determinar la forma en que los emulsionantes afectan a las personas.

El Dr. Andrew Gewirtz recalcó que comer en exceso, es decir demasiadas cantidades de comida, más de las necesarias, es la principal causa de obesidad y de síndrome metabólico, pero más todavía si se abusa de estos productos procesados.
Y esto, unido a una vida totalmente sedentaria, acrecienta el problema hasta cotas insospechadas como las actuales.

Salir de la versión móvil