Cristina Galiano

Comer poco mejora la salud, ¿verdadero o falso?

Hasta hace muy poco los estudiosos o científicos de la “dieta del envejecimiento” afirmaban que restringir la dieta calórica en un 30%, sin llegar a la desnutrición, era el único factor decisivo para prolongar la vida.
En “La dieta de la zona” se aconsejaba para obtener “resultados impresionantes en el envejecimiento”, reducir el consumo habitual de calorías todavía más, en un 40%, algo prácticamente imposible de cumplir en las personas delgadas o que tienen un peso ideal o normopeso.

Muchas personas, sobre todo mujeres, que suelen ser menos corpulentas que los hombres, no necesitan tomar más de 1.800 o 2.000 calorías al día.
Si rebajamos esta cantidad en un 40%, solo podrían consumir 1.080 o 1.200 calorías diarias respectivamente, lo cual es una barbaridad, desde mi punto de vista, porque con seguridad al muy poco tiempo caerían en un estado grave de desnutrición.

Una potente investigación por parte de científicos del Instituto Nacional Sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (NIA, por sus siglas en inglés) acaba de concluir que la dieta, palabra horrible y que prefiero sustituir por “manera de comer” aunque sea más larga, no afecta a la esperanza de vida y por tanto cuestiona por primera vez la “dieta del envejecimiento”, pero sin embargo sí afirma que produce grandes beneficios en la salud.

Alimentándose correctamente, es decir comiendo únicamente lo que necesitamos y no más, y olvidándose del sedentarismo actual, disminuirían los casos de diabetes tipo II, las enfermedades cardiovasculares y las vinculadas a la edad.
De hecho hoy por hoy somos los europeos que más años vamos a vivir, gracias a que todavía parte de la población sigue la dieta mediterránea, pero también somos los que menos calidad de vida vamos a tener en esos últimos años, en parte porque a partir de una cierta edad, o por el sedentarismo o porque se come más de lo que se debe, o por las dos cosas juntas, tanto hombres como mujeres empiezan a engordar… y no suelen parar.

¿Os habéis dado cuenta de que hay pocos obesos muy mayores?
¿Sabéis por qué?
Porque como “por la boca entra la salud y la enfermedad”, las personas que van pesando más y más terminan por desarrollar una serie de enfermedades, lo que se llama “síndrome metabólico”, que acaba con ellas antes de envejecer.
¡Y sus últimos años son de muy mala calidad!

Para disfrutar de una buena salud, yo lo he escrito desde mis primeros libros y antes en mis clases, lo más importante después de los genes que hemos heredado, es mantener un estilo de vida saludable.

Nuestro prestigioso Valentín Fuster va mucho más lejos y afirmaba en febrero de este mismo año: “Nadie está condenado genéticamente a sufrir una enfermedad cardiovascular si apuesta por hábitos saludables de vida”.

Así que si queremos tener calidad de vida hasta el final de nuestros días, hay que comer poco, ¡lo suficiente… que ya es mucho! ¡Y moverse!
Rabelais, un escritor, médico y humanista francés del siglo XVI acuñó una frase que se ha hecho célebre pero que hoy se ha olvidado totalmente:
«Hay que comer para vivir y no vivir para comer».

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