Ya sabéis que hay ciertos platos, sobre todo en invierno, que deben presentarse en la mesa muy calientes, porque en cuanto se enfrían tan solo un poquito, o ya no están igual de ricos o su salsa se “cuaja” rápidamente formando una especie de velo y no resultan nada agradables de tomar.
Para evitarlo la fuente de servir debe estar muy caliente y los platos de los comensales también.
De hecho todos sabéis que en muchísimos restaurantes, sobre todo en los de una cierta categoría, el camarero os avisa cuando os coloca un plato que está muy caliente, que hasta quema.
Aunque en muchas casas ya se han acostumbrado a tomar todos sus platos solamente templados, algunos para sacarles todo su sabor y su “gracia” deben servirse calientes, y si lo estuvieran demasiado, esperar unos segundos antes de tomarlos porque tampoco es bueno consumirlos «ardiendo» ya que a la larga, y si se hace en exceso, podría provocarnos un cáncer de boca, lengua, laringe..
Pero ciertos platos muy gelatinosos como los callos, las manitas de cordero, los potes, los codillos frescos, el codillo salmuerizado, los típicos guisos de nuestra cocina mediterránea, el rabo de buey, el ossubuco, el cocido…, las sopas y caldos no se conciben ni fríos ni templados.
Por eso se establece como norma que sean siempre los comensales los que esperen sentados en la mesa a que la comida llegue y no al revés.
Hay una manera muy sencilla de calentarlos sin necesidad de encender el horno, que es como siempre se ha hecho, que siempre gasta energía y tarda tiempo en calentarse, y es el microondas.
Lo primero que debéis conocer es si vuestros platos son aptos para el microondas ya que aunque las vajillas modernas suelen todas serlo, las que llevan adornos metálicos o coloreados, dependiendo de éstos, pueden llevar plomo o cualquier otro metal en su composición.
En los microondas multifunción y en los que llevan incorporado el sistema crisp no hay ningún problema.
Vamos a calentar 6 platos grandes, lisos u hondos, de golpe en tan solo 3 minutos, ¿os apetece?
Coger 6 platos y mojarlos de 1 en 1 por la cara del derecho, no hace falta ni mucho menos que estén encharcados, solo ligeramente mojados por el lado en el que se sirve la comida.
Por el lado del revés, ni tocarlos.
1. Apilarlos y meterlos tal cual, los 6, en el microondas, 2 minutos a potencia máxima.
2. Comprobaréis que están muy calientes, por todas partes, casi queman.
3. Secarlos con un paño limpio de cocina porque a pesar de estar calientes pueden estar todavía algo mojados.
4. Llevarlos a la mesa al mismo tiempo que la comida que se va a servir.
5. Permanecen calientes durante mucho tiempo.
6. Si los mojáis tan solo una chispa, o prolongáis el tiempo indicado, los platos se podrán rajar.
7. Si calentáis menos platos, lógicamente tardaréis menos y si tenéis que calentar más, hacerlo en 2 veces puesto que se tarda tan poco.
¿Quién ha dicho y redicho que el microondas no servía para nada?
Si hace mucho frío, o son platos que vamos a degustar plácidamente, saboreándolos al máximo, o si la cocina está lejos del living o comedor, o si muchos comensales van a repetir, conviene servir la comida no solo en platos ya calientes sino que la fuente de servir también se mantenga caliente durante todo el tiempo.
Esta fuente de servir se puede calentar también en el microondas, antes de volcar en ella la comida, como acabamos de ver para los platos, solo que en 30 o 50 segundos nada más, pero sí lo que realmente queremos es que permanezca caliente durante toda la comida, hay algún “utensilio” especial llamado “calienta platos”, y yo tuve uno hace muchos años, que calentaba gracias a unas velitas especiales que no se veían porque estaban situadas en el interior, debajo de la parte superior sobre la que se colocan las fuentes.
Pero ocupa un cierto espacio en las cocinas o aparadores y pienso que calentando los platos y la fuente de servir previamente como os acabo de explicar, no es imprescindible un «artilugio» de éstos.
Cuando yo me lo compré no existían todavía los microondas con sus múltiples soluciones.