Cristina Galiano

4 Razones por las que no puedes vivir sin verduras

Si se quiere estar en forma y mantener una buena salud las verduras son imprescindibles porque una alimentación no es equilibrada sin ellas y deberían estar siempre en la comida y en la cena, en forma cruda o cocinada, en una cantidad de 200 g cada vez por lo menos, es decir 400 g en total al día, incluso más si se quiere.
Me podréis decir, “muchos no las han probado en su vida” y yo os preguntaré ¿”Están en forma o están cogiendo paulatinamente peso a medida que pasan los años?

Hay numerosos estudios científicos que demuestran todo lo que os voy a decir.

1.  Tomar regularmente verduras reduce los riesgos de varios tipos de cáncer, mama, próstata, colon…, de enfermedades cardiovasculares y probablemente del Alzheimer aunque no está totalmente demostrado pues hay otros muchos factores importantes que influyen.
¿Por qué?
Por su gran contenido en micronutrientes importantes para nuestra salud como vitaminas, minerales, antioxidantes, polifenoles… que refuerzan las defensas de nuestro organismo, protegen nuestras células y retrasan el envejecimiento. Tienen lo que se podría llamar una alta densidad nutricional.

2.  Como casi todas ellas tienen muy pocas calorías, tienen lo que se llama una baja densidad calórica, y se deben tomar en cantidad porque sacian, calman nuestro apetito y ayudan a no coger kilos.
Habrá que saberlas preparar y cocinar para que sean apetecibles sin transformarlas en alimentos muy calóricos.

Deberían acompañar siempre nuestros platos de pescado y sobre todo de carne, ya que si dichos platos son muy calóricos y tienen a su alrededor verduras abundantes, éstas harán bajar considerablemente las calorías totales de dicho plato.
En estos dos casos se consiguen 2 efectos positivos:
♦  El plato en su conjunto tendrá menos calorías y sin embargo  su tamaño habrá aumentado. A la vista se ve un gran plato de comida y al comerlo se queda uno plenamente satisfecho y durante más tiempo.
♦   La sensación de hambre se retrasará,  no se sentirá la tentación de picar y se comerá menos en la comida siguiente.

Si una carne por ejemplo muy grasa, un chuletón, se acompaña de un montón de patatas fritas, que se van a absorber muy deprisa y son además  muy calóricas, engordará mucho más que si ese mismo chuletón se acompaña de un surtido importante de varias verduras cocinadas con gracia y que ocupen más espacio en el plato que el propio chuletón, judías verdes, setas o champiñones, ramitos de bróculi y/o coliflor, pimientos verdes, rojos …
En conjunto se comerá menos puesto que las verduras, que deben tomarse crudas o «al dente», necesitan más masticación que las patatas que están riquísimas pero que se comen rápidamente, casi se engullen, y aunque parece que sacian, esta saciedad dura bastante menos que la producida por las verduras.

Lo malo es que si este chuletón se sirve en un restaurante con varias verduras y algunas patatas para que nadie se enfade, lo “normal” es que la gente se coma las patatas… y dejen intactas las verduras, a no ser que estén ya concienciados de sus beneficios y de lo importantes que son para nuestra salud y para no coger peso.

3.  Como todas ellas tienen fibra ralentizan la digestión de los hidratos de carbono, también llamados glúcidos, que tomemos junto con ellas en las comidas disminuyendo su índice glucémico si lo tuvieran alto por ser hidratos o glúcidos de aborción rápida.

4.  Como además de fibra contienen mucha cantidad de agua, ¡ entre un 70 y un 90% !, parece ser que aumentan la evacuación de los nutrientes más calóricos,  principalmente de las grasas, que se absorben menos.
Como aumentan además el volumen de nuestras heces, de paso se evita el estreñimiento.

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