Cristina Galiano

Ácidos grasos omega 3, ¿por qué los tienen todos los pescados?

Los ácidos grasos Omega-3 son ácidos grasos esenciales, es decir que el organismo humano no puede fabricar a partir de otras sustancias y por tanto debe ingerirlos con la dieta.
A los peces, tanto salvajes como de acuicultura, les sucede lo mismo que a nosotros, no los pueden sintetizar por ellos mismos, y sin embargo les son tan necesarios como a nosotros las vitaminas.
Así que los tienen que ingerir con la dieta, y entonces sí tienen la capacidad de fabricarlos, y lo hacen a partir de las algas marinas.

En la naturaleza el plancton se come estas algas marinas, éste a su vez es comido por los peces pequeños y a éstos se los comen los peces grandes.
Al final, todos ellos contienen los valiosísimos Omega-3 en su cuerpo.
Por tanto los peces marinos silvestres ingieren el Omega-3 a través de sus presas.

En acuicultura se les incorporan a los piensos y se hace en la cantidad adecuada para que al final aparezca también el suficiente en el filete de pescado que nosotros vamos a ingerir.
Medir la cantidad de estos Omega-3 en los pescados es muy sencillo y barato en el laboratorio.
Nuestros pescados de acuicultura contienen los mismos niveles de Omega-3 que los pescados silvestres ya que en las granjas marinas se aseguran de que así sea.
Una razón más para consumirlos con total tranquilidad, pese a los detractores que tienen.

Los pecados que más grasa de esta buena tienen se llaman azules, y una forma de reconocerlos fácilmente es fijándonos en la apariencia de su cola que debe ser en forma de V.

Se ha demostrado experimentalmente que el consumo de grandes cantidades de Omega-3 aumenta considerablemente el tiempo de coagulación de la sangre, lo que explica por qué en comunidades que consumen muchos alimentos con Omega-3, como la japonesa, la incidencia de enfermedades cardiovasculares sea sumamente baja.

Algunas experiencias sugieren también que el consumo de Omega-3 tiene efectos benéficos sobre el cerebro.
Asimismo hay estudios que apuntan que el consumo de Omega-3 durante el embarazo puede tener una buena influencia en el bebé.
Altas cantidades podrían disminuir los efectos de la depresión, e incluso grupos de niños en edad escolar aumentaron notablemente su rendimiento después de ingerir pastillas con aceite de pescado rico en Omega-3.

A los niños, aunque al principio pongan “morritos”, se les debe dar pescados desde el momento en que empiezan a comer de todo, primero pescados blancos como la merluza, pescadilla, lenguado… que tienen poca grasa y se denominan blancos, y rápidamente después los azules.
Serán más listos y estarán más sanos de mayores.

Los que más grasa tienen son el atún o bonito del Norte, la sardina, la anchoa o boquerón, el salmón, el emperador o pez espada, la caballa, la palometa, el salmonete…
El salmón, típico pescado azul tiene unos 11 gramos de grasa por cada 100 g de carne comestible, y la trucha, semi graso, solo tiene 3.
El bacalao en salazón se considera a nivel nutricional un pescado azul, ya que el proceso de salazón aumenta considerablemente su concentración de grasa.
Pero debe darse siempre bien desalado a los niños, desde pequeños en contra de lo que muchos piensen, y a los mayores ya que es fantástico.
Mi potaje de garbanzos es ideal para ambos y un plato único facilísimo de hacer si se le añade como se explica al final de la receta bacalao desalado. Congela además de maravilla.

Aunque muchos de estos pescados, sobre todo los más pequeños, tienen numerosas espinas casi diminutas, se trata de quitárselas bien antes de dárselos a un niño pequeño que, a partir de los 3 años, ya es capaz de reconocer las muy chiquititas que se le hayan podido escapar al papá-mamá.

Os recuerdo que estos pescados enlatados con aceite de oliva conservan siempre estos buenísimos ácidos grasos.

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