Como ya vimos en el post de la vinagreta muchos todavía siguen sirviendo las diferentes lechugas sin escurrir del todo con lo que el aderezo siempre se aguará. Otros sin embargo las escurren bien o secan sus hojas después de lavadas con papel de cocina, algo entretenido y no demasiado efectivo.
Si hacéis a menudo ensaladas de hojas, un artilugio cómodo, rápido, barato y que considero muy útil en una cocina moderna, organizada y productiva es un centrifugador de lechuga que, como su nombre indica, sirve para escurrir a fondo las hojas de cualquier tipo de lechuga.
Los hay de muchos tipos, tamaños y precios, y si adquirís uno, que sea de plástico, no caro y tan solo con buena “pinta” porque son eternos.
Aunque no ocupan mucho, si tenéis sitio, escoger uno que no sea demasiado pequeño simplemente porque centrifugará mejor.
Los encontraréis un poco por todas partes, en los buenos centros comerciales, grandes supermercados…
Cuando vayamos a preparar una ensalada el procedimiento correcto es el siguiente.
1. Después de retirar las hojas no comestibles y cortar el tronco, que bien pulido puede gustar a muchos, poner las hojas buenas enteras, sin cortar, tan solo un instante en agua fría. Agitarlas fuertemente si llevaran tierra cambiándoles el agua si hiciera falta, sacarlas, sacudirlas un poco el exceso de líquido y colocarlas dentro de uno de estos centrifugadores.
1. Frente a lo que todavía se sigue aconsejando no hay que dejar ninguna clase de lechuga en remojo en agua, salvo personas de alto riesgo como las embarazadas que no están inmunizadas frente al Toxoplasma, y tampoco hay que trocear sus hojas antes de lavarlas. Por cada «corte» se nos escaparían al exterior vitaminas y minerales.
3. Accionar rápidamente su manivela para que coja velocidad, cuanto más grande mejor, y esperar a que el cestillo interior se pare.
Tirar el agua que han soltado y si todavía las veis muy mojadas volver a accionar el aparato.
4. Sacarlas ahora cortando sus hojas simplemente con la mano encima de la ensaladera dónde la vayáis a servir, encima de la vinagreta que ya tenéis preparada en el fondo.
5. Si no la vais a consumir en una sola vez, el resto se puede guardar en este mismo escurridor si os cabe en la nevera, puesto que tiene tapa y siempre con las hojas enteras porque habrá menos superficie expuesta al aire y a la oxidación que si ya están cortadas.
6. No remover la ensalada hasta que no estemos en la mesa y se vaya a tomar pues el vinagre de la salsa puede ajar o arrugar las hojas que deben seguir crujientes.
Es muy importante para una buena conservación que no transcurra tiempo entre cada uno de estos pasos, es decir sacar la lechuga de la nevera → retirar las hojas y las partes feas del tronco → echarlas enteras en agua fría → removerlas → escurrirlas un poco → introducirlas en el centrifugador → accionarlo → sacar las hojas que se vayan a tomar a la ensaladera → tapar el centrifugador con su tapa → meterlo de nuevo en la nevera con las restantes.
El consejo de que hay que dejar estas hojas en agua fría si están lacias para que se pongan tiesas es totalmente erróneo porque si están en lamentable estado es porque, o llevan demasiado tiempo recolectadas o se han conservado mal, y en ambos casos han perdido valor nutritivo y vitaminas y habrá que desecharlas.