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 Cristina Galiano Licenciada en Farmacia. Especializada en nutrición y en técnicas culinarias modernas.
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Por Cristina Galiano, 22 mayo, 2013
Los que me seguís, antes en mis libros y ahora en el blog y en mis 3 ebooks ya lo sabéis, pero creo que son miles los que no lo saben, y los consejos que se encuentran en Internet o en Youtube son para llorar.
¡¡ Como se pueden decir tantas tonterías y tan variadas!!
Se escribe sin tener ni idea de lo que se escribe, sin ni siquiera haberlo comprobado, y lo que es más triste, ¡muchos hasta se lo creen!
Dicen que cuanto más grande es la ignorancia más lo es la osadía.
En la actualidad todas las carnes, por la alimentación que tienen la mayoría de los animales y por su estilo de vida, en gran medida sedentario, están cargadas de grasa saturada sin sabor alguno, es puro sebo, y ya lo he repetido muchas veces.
La única “grasa” con un sabor estupendo, casi tanto como la parte magra, es el tocino del jamón ibérico o de pata negra, pero naturalmente, aunque esté muy bueno al paladar tiene sus correspondientes calorías, por lo que no conviene abusar.
Además tiene un precio como para disfrutarlo en pequeñas cantidades y saborearlo despacio.
Con los pollos actuales baratos o “industriales” sucede algo parecido, que se crían en 5 semanas y alcanzan entre 1 y 3 kilos dependiendo del pienso, de su cantidad y de su frecuencia.
Como los pobres animalitos han pasado su corta vida cebándose y engordando, sin moverse en absoluto, su carne tiene gran cantidad de grasa, hasta en los muslos y contra muslos y debajo de la piel de la pechuga, y si se abren en canal, los acúmulos de grasa alrededor de las vísceras y hasta alrededor del corazón son importantes.
Y el quitar la piel como aconsejan no es la solución.
Si hacéis caldo con carcasas de estos pollos, que muchos polleros regalan, y añadís una gran variedad de verduras para que salga rico, como cebolla, apio, puerro, nabo, zanahoria… cuando abráis la olla veréis que hay una capa grasa importante flotando en la superficie.
Como estos huesos de pollo luego se van a tirar, con lavarlos debajo del grifo ya es suficiente, y no hace falta quitarles toda esa gran cantidad de grasa (perderíamos el tiempo tontamente), ni eliminarles pieles ni pelitos.
En este caldo ya terminado probar a empapar toda esa grasa que está nadando con varios trozos de papel absorbente de cocina, como muchos todavía aconsejan, y estaréis también perdiendo un tiempo precioso porque es entretenido y sirve para muy poco.
Lo que realmente es efectivo, y os invito a comprobarlo vosotros mismos es lo siguiente:
1. Colar este caldo para separar todos los alimentos sólidos y los hilachos grises que se han formado y son todas las impurezas que tenían las carnes puesto que no hemos espumado el caldo como se hacía antiguamente, otra gran pérdida de tiempo. (Durante la cocción estas “espumas” se coagulan y se quedan en el colador.)
2. Volcarlo en un tupper en el que quepa, cerrarlo inmediatamente y en cuanto esté a temperatura ambiente guardarlo en la nevera hasta el día siguiente.
3. Con el frío toda la grasa del caldo se habrá solidificado formando una capa sólida amarillenta, más o menos gorda según la cantidad de huesos o carne que tuviéramos al partir.
4. Retirarla, y para hacerlo con facilidad, utilizar una espumadera de agujeros.
Debajo puede aparecernos caldo líquido completamente libre de grasa, o si el caldo se había hecho concentrado, es decir con poca agua, gelatina pura semi sólida, y en este caso nos costará un poquito más retirar la capa grasa pues arrastraremos sin querer al mismo tiempo parte de esta gelatina que está adherida a la parte sólida.
Esto es válido para cualquier caldo que lleve no solo huesos de pollo como en este caso, sino carnes y huesos de vacuno, o todos los huesos de un jamón ya terminado.
Si hacéis todos estos pasos con un caldo al que le habéis retirado previamente parte de su grasa con papel absorbente de cocina comprobaréis vosotros mismos que esta capa de grasa solidificada es menos espesa que anteriormente, pero sigue existiendo, así que ¡para qué trabajar 2 veces inútilmente!
Ya lo veréis un día en el video de los callos.
Este caldo, aunque también muchos puedan pensar lo contrario, tiene el mismo valor nutritivo que el que hemos obtenido primitivamente en la olla puesto que todas las proteínas de las carnes se han desdoblado en aminoácidos, y éstos y todas las sales minerales y vitaminas de las verduras que no son sensibles al calor como por ejemplo todas las del grupo B, se han solubilizado en él, y la única diferencia es que no tiene nada de grasa, que es saturada y por tanto es mucho más saludable y tiene muy pocas calorías.
Es decir que sus beneficios son incuestionables.
Si no os da pereza prepararlo, es un tentempié fantástico para media mañana ya que sacia pero no engorda.
El único “inconveniente” para algunos es que hay que cocinarlo el día de antes para que permanezca en la nevera toda la noche.
Al día siguiente se desgrasa, se consume, se conserva en la nevera o se congela.
Y otro día hablaremos de cómo desgrasar guisos con proteínas animales, ya sean de carne, pollo, pato… incluso conejo, fabadas, potes, callos…
Esta es la primera medida para no engordar, comer de todo en la proporción adecuada pero eliminando la mayor cantidad de grasa inútil y perjudicial antes y después de cocinados.
Estamos en el siglo XXI y hay que cocinar de distinta manera a como lo hacían nuestras madres o abuelas que desgraciadamente no sabían nada de todos estos temas.
Por Cristina Galiano, 20 mayo, 2013
Ahora que va a empezar el calorcito, os propongo este helado muy rico, rápido, sencillo… y diferente ya que se puede realizar con distintos ingredientes.
Aunque en nuestro país, siendo mediterráneo, no se suelen tomar muchos helados hasta el pleno verano, éste después de una comida o cena abundantes os facilitará la digestión, sin olvidar que no es un simple refresco, sino un alimento en toda regla con sus correspondientes calorías.
Tomaros una ración pequeña, pueden salir hasta 8.
Lo ideal sería hacerlo con frutas escarchadas, y sería el verdadero “tutti fruti”.
En las buenas pastelerías las tienen en cualquier época, sobre todo las naranjas confitadas.
Si no os han sobrado de navidad, o sois de los que no las consumís habitualmente, os puede servir una mezcla de frutas secas, ciruelas secas, pasas, dátiles, orejones…. o también almendras, nueces, pistachos al natural, avellanas…
■ 200 g de azúcar
■ 100 g de agua
■ 2 huevos
■ 1 clara
■ 400 g de nata líquida con un 35% de materia grasa
■ 150 g de fruta escarchada o de frutos secos variados
■ 75 g de bizcochos blanditos de soletilla o de bizcocho casero
1. Montar las 3 claras a punto de nieve muy fuerte.
2. Con el agua y el azúcar confeccionar un almíbar a punto de hebra gorda e ir añadiéndolo en hilo fino sobre las claras montadas que seguiremos batiendo sin parar.
3. Seguir batiendo las claras hasta que se enfríen.
Esto es lo que se llama merengue italiano.
4. Montar la nata que debe estar muy fría de la nevera y tener como mínimo un 35% de grasa
5. Incorporar con cuidado el merengue frío a la nata ya montada con cuidado para que ninguna de las 2 preparaciones pierda esponjosidad.
6. Cortar en trozos menudos las frutas escarchadas o los frutos secos.
7. Trocear los bizcochos sin triturarlos.
8. Batir ligeramente las yemas y volcarlas encima de los bizcochos.
9. Agregar encima las frutas y con cuidado la mezcla de nata y almíbar.
10.Volcar en un molde y meter en el congelador.
Consejos de cocina y nutrición
■ Si no encontráis bizcochos cuya composición sea saludable, y hemos llegado a un punto en el que es difícil porque todos están elaborados con “grasa vegetal”, elaborar un bizcocho genovés en 5 minutos y hornearlo en el microondas pues aunque no es el sitio ideal, como se va a trocear, siempre será mejor que los que están plagados de aditivos.
Los que son de marca blanca llevan todavía más, aunque parezca imposible, comprobarlo vosotros mismos.
■ Para presentar el helado podéis utilizar un molde alargado tipo plumcake, de vidrio o de silicona.
Si es de cristal, una vez terminado, pegarle muy bien lámina de plástico transparente o plastifilm para aislarlo del frío del congelador y que su superficie no se reseque, y si es de silicona, como el plastifilm no se pega, introducirlo a su vez en una bolsa de congelación.
Para desmoldarlo, si es de silicona simplemente estirándolo por su parte superior caerá, y si es de vidrio, meterlo unos segundos en agua caliente e inmediatamente se despegará de sus paredes.
Para servirlo, ir cortando rebanadas.
■ También podéis congelarlo en una sopera grande, también bien “cerrada” con film transparente y servirlo en bolitas con un racionador de helados como el que utilizamos para moldear croquetas y albóndigas.
Este aparatito, para que sea realmente eficaz y rápido y cómodo de usar debe llevar, como el de la foto, una arandela también de acero para expulsar la “bola” de lo que sea.
Hoy los encontráis hasta en los grandes bazares.
Los que no la llevan sirven para muy poco.
■ Comprar nata para montar fresca, en la sección de alimentos refrigerados, que lleva también bastantes menos aditivos que las que se conservan eternamente, fuera del frío y atiborradas de aditivos precisamente para que duren una eternidad.
¿Hay alguna necesidad?
■ Los helados para que no cristalicen, es decir para que al degustarlos no se encuentren cristalitos de hielo deben confeccionarse siempre con nata con un 35% de materia grasa y nunca con leche.
■ Si a alguien no le hace mucha “gracia” el que este helado lleve 2 yemas crudas, que las elimine, aunque la calidad del helado se resentirá.
Para todos ellos vuelvo a repetir, como perteneciente al Consejo del Instituto de Estudios del Huevo, que todas las gallinas en España están hoy vacunadas contra la Salmonella, desde hace años además.
Los casos que se siguen presentando de salmonelosis, muchas veces en preparaciones que no han “olido” el huevo ni de lejos, como lentejas, purés vegetales, preparaciones con pollo… se deben siempre a una mala manipulación.
Un portador del germen, que no lo sabe y que no sufre ningún síntoma, contamina la preparación la mayoría de las veces por falta de higiene.
¿Por qué no se les hace a todos los manipuladores de alimentos perecederos un simple análisis de heces que detectaría inmediatamente la presencia del germen en su organismo?
Por Cristina Galiano, 17 mayo, 2013
Hemos publicado hasta hoy ni más ni menos que 300 posts, con miles de comentarios y correos particulares, y según los entendidos, eso quiere decir que el blog va viento en popa.
Pero no hay que bajar la guardia en ningún momento.
Yo voy a seguir dándoos calidad, variedad, rigurosidad… y mucho más, pero sois vosotros, todos los que me seguís, los que tenéis que contarlo a vuestro alrededor ya que lo que mejor funciona es “el boca a boca”.
¡Ánimo, y a ponerse las pilas!
Cuántos más “granitos de arena en el desierto” seamos, tanto mejor.
A todos los que se han ido incorporando poco a poco a lo largo de estos 2 años largos, y a los que lo hacen todos o casi todos los días, les recomendaría que se fueran leyendo los posts que están ya publicados despacito.
Much@os ya me cuentan que han empezado desde el primero, el 2 de febrero de 2011, y que se están dando verdaderos atracones.
¡¡Tampoco se trata de eso!! pues hay demasiada información como para asimilarla de golpe.
Pero hemos tocado temas muy importantes que ya no se pueden repetir y sobre los que todos los días me siguen haciendo preguntas, como:
♦ una alimentación saludable, tanto en niños como en mayores,
♦ la conservación de nuestros alimentos, frescos como cocinados,
♦ la congelación correcta para que los alimentos no pierdan nada de su valor nutritivo, lo mismo si son frescos como si los hemos elaborados nosotros en casa,
♦ qué temperaturas deben tener tanto la nevera como el congelador,
♦ cómo descongelar todos nuestros alimentos, y en dicha operación se pueden cometer errores garrafales,
♦ cómo calentarlos para que parezcan recién hechos,
♦ cómo elaborar los “potitos” o purés de los bebés, solos con verduras o cuando ya se les incorpora la proteína, es decir las diferentes clases de carne, pescados o huevos…,
♦ la importancia del ejercicio aunque “no se tenga tiempo”,
♦ varios artículos sobre la menopausia y la osteoporosis,
♦ muchísimos posts sobre las ollas superrápidas, hay más de 10, desde los requisitos que deben tener para que sean realmente buenas y eficaces, hasta cómo cuidarlas y limpiarlas y cómo resolver pequeños percances que pueden aparecer la mayoría de las veces por no tener la suficiente información sobre ellas,
♦ también muchísimos sobre el microondas más sencillo, ese ilustre desconocido y “el calienta leches más caro del mercado”, que muchos siguen sin usar, y otros que ya se están aprovechando de sus ventajas,
♦ también muchos sobre productividad y cómo organizarse en la cocina para trabajar menos pero mejor...
Los que no quieran empezar por el principio pueden buscar el tema que les interesa urgentemente tecleando la palabra en el Buscador Personalizado de Google, y por si no sabéis usarlo, aunque es muy fácil, os remito a dicho enlace.
En cuanto a las ollas superrápidas, por los abundantes mails que me siguen llegando cada día, veo que muchos todavía no saben por dónde empezar y se fijan en sus libros de instrucciones.
Si seguís así, nunca conseguiréis buenos resultados, a no ser que algún fabricante me haya directamente fusilado mis recetas y consejos.
Mi primer libro en papel en 1996, de los 18 que he escrito, y que llegó a 13 ediciones, muchos miles de lectores lo compraron, y ya usaba entonces estas ollas porque sabía, después de haber estando impartiendo clases durante muchos años, que había una laguna enorme al respecto.
De hecho, en todos mis libros en papel, salvo los que son específicos del Thermomix o del microondas, y ahora en los 3 ebooks he usado única y exclusivamente estas ollas, porque no tengo ningún otro utensilio para cocinar en la vitrocerámica, ni cazo, ni cacerola, ni cazuela, nada…, tan solo estas ollas tapadas con su tapa de presión o con la de cristal.
La sartén, única y exclusivamente para los huevos y tortillas.
¿Por qué tantos libros?
Porque sé perfectamente que sin ellos no sacaréis a vuestra olla el partido que se merece, y seguiréis usándola para 2 o 3 cosas nada más, cuando puede y debe usarse casi para todo.
- por la calidad nutricional y gastronómica de todo lo que se cocina en ellas,
- por su rapidez,
- porque se friega rápidamente,
- porque se mancha poquísimo con ella, a veces si no se fríe, nada
- por el ahorro considerable de energía…
Sin embargo muchos de los que se dirigen a mí con dudas sobre ellas, no se han descargado ninguno de los 3 books, o si lo han hecho, y sería todavía peor, ni lo han ojeado.
Yo no es que quiera que cocinéis lo mismo que yo, ya que cada uno tiene su estilo y sus costumbres, aunque todas mis recetas son sanas, suelen gustar a todo el mundo, y lo mejor es “que salen siempre” porque yo las he elaborado con anterioridad.
Pero al principio tendréis que usar las recetas de mis ebooks para saber por lo menos los tiempos necesarios y la cantidad de líquido a añadir que, en algunos casos es mínima o nula.
Ahora sí que no hay excusa para no adquirirlos, pues aunque con el IVA incluido os van a costar 3,03€ cada uno, no os podéis hacer una idea de su contenido valiosísimo.
Los que ya lo tienen pueden dar fe de ello, ¡y lo hacen continuamente!
El que se lea tan solo 1, como pasó con los de papel, se descargará los demás.
Con todos los posts publicados en el blog, esta vez hasta gratuitos, podéis aprender a usar estas ollas, pero muchos tampoco se los han leído.
Pero como mi blog no es un blog de cocina ni de recetas, al final sabrán los tiempos de las recetas que están colgadas, pero nada más.
Para celebrar este acontecimiento, el próximo lunes tendréis una receta muy rica, rápida y fácil de hacer, como todas las mías.
¡¡Muchas gracias a todos los que me seguís!!
Por Cristina Galiano, 15 mayo, 2013
Muchos sois los que me habéis preguntado por el detergente que uso para mi lavadora, único y para todo tipo de ropa, y salvo error u omisión os he contestado a todos.
Pero ahora, como uno de los envases de la marca que he estado probando se me acaba de terminar, y he abierto el de la marca mía habitual, se me ha ocurrido leer la información puesta en estos dos pequeños botellones para comparar.
Es la primera vez que lo hago porque al usar siempre la misma marca desde hace años, antes en polvo, y ahora líquido ya había comprobado que esta nueva presentación también era muy buena.
¡¡Y me he quedado estupefacta porque nos siguen tomando por tontos!!
1. Para empezar hay que dar 50 vueltas a ambos envases para saber su capacidad real, en un caso 1,65 litros y en el otro, ¡¡pasmaros!! 1.533 + 219 mililitros, es decir 1,75 litros, aunque esta cifra total ni siquiera aparece.
2. Los 2 se encargan de especificar, en la parte más visible, que uno sirve para 22 lavados, y el otro para 21 + 3 porque “3 lavados son gratis”, es decir 24.
Y esto es una verdad a medias, porque los lavados dependen de la calidad del agua con la que se lave, más o menos dura, y de la cantidad que se quiera echar, y la que recomiendan ambos es totalmente insuficiente si se quiere conseguir una ropa bien limpia, reluciente y olorosa.
Os aseguro que he hecho múltiples experimentos, porque me gusta investigar, no solo en cocina, y ¡yo pongo casi el doble!
Ahora bien tengo una ropa tanto blanca como de color guay.
Además, para convencer al consumidor de la bondad de su producto, ambos ponen la cifra más baja, es decir la que corresponde a un agua muy poco calcárea como la que tenemos en Madrid.
3. En uno pone “una relajante fragancia de flores blancas con extractos de aloe vera” (¡Hay que ser cursi!) y en el otro “Fórmula Concentrada, Limpieza brillante incluso en agua fría”, y tampoco es cierto esto del agua fría, porque para que queden bien y sin manchas todas las prendas blancas o de colores claros deben lavarse con agua a 40º, aunque se consuma más energía.
Os repito de nuevo que si la ropa clara se os pone grisácea será siempre,
- porque la cantidad de detergente no es suficiente,
- o porque su calidad no es la adecuada,
- o por mezclar ropa blanca y oscura,
- o por un tiempo de lavado demasiado corto,
- o por lavarla en frío como tantos y tantos aconsejan todavía.
Hacer la prueba y comprobaréis vosotros mismos que si mezcláis, tan solo a los 2 o 3 lavados toda la ropa clara estará ajada y como se decía antiguamente “repercutida”.
La ropa bien lavada dura 3 o 4 veces más y no está nunca “vieja ni deslucida” sino relimpia.
4. Como ambos detergentes están fabricados por grandes multinacionales, y como el que siempre me ha gustado y me sigue gustando más, según todo lo que os acabo de explicar, es el que menos “cuento” pone, me quedo con el de siempre que me gusta más, ahora en líquido y que ya llevo usando muchos meses.
5. ¿Cuál es más caro?
Pues dependerá del sitio dónde lo compréis y si está o no de oferta ¡Y ahí si que puede haber un ahorro importante!
Ahora mismo el que yo uso de toda la vida me ha costado bastante menos que el otro.
No sé si alguno de ellos se anuncia en la tele porque no veo anuncios, pero yo creo que periódicamente ambos se deben anunciar en cuanto comprueban que el “vecino” lo hace y que sus ventas están bajando.
En todo caso, los 2 son buenos.
¿Cuántas personas se creen todo lo que escuchan, les cuentan, oyen en la radio o en la televisión, sobre todo en la tele que es prodigiosa?
Tienen que ser muchos millones… de lo contrario tanta publicidad no les compensaría.
Aunque la tendencia está cambiando y ya muy pocos jóvenes de verdad ven la tele.
No os creáis nunca los anuncios, son para personas que no tienen criterio y se creen lo último que oyen o ven.
Recordar siempre las palabras magistrales de Leopoldo Abadía que ya os puse en un post: “Un consumidor inteligente no se deja llevar por el criterio de la persona que le va a vender el producto”.
Por Cristina Galiano, 13 mayo, 2013
Hay muchas maneras de adquirir espinacas:
1. Hojas frescas dentro de una bolsa fuerte tipo celofán, limpias, lavadas, secadas y envasadas en atmósfera inerte, como producto de 4ª gama, con la fecha de caducidad impresa en la bolsa.
Estas bolsas suelen tener 300 g de peso.
Deben conservarse siempre en el frío, un supermercado refrigerado por ejemplo, y así lo especifica el fabricante, pero yo me las encuentro en plena calle en fruterías y tiendas pequeñas, ¡y nadie hace nada!
Nunca las compréis así pues ¡por algo se recomienda el frío!
2. Hojas frescas, también envasadas en el mismo tipo de bolsa de de celofán, en las que pone que hay que lavarlas y que no llevan fecha de caducidad (las acabo de descubrir la semana pasada por pura casualidad y con este post ya programado).
Tenían una pinta estupenda, las acababan de sacar de la cámara ya que estaban todavía fresquitas, busqué la fecha de caducidad y al no encontrarla, apunté el nombre y teléfono del fabricante… y lógicamente no las compré.
Cuando hablé con ellos, en Navarra, también son productores, me dicen que ellos las acaban de incorporar al mercado porque otros muchos ya lo están haciendo desde hace tiempo ¡y la competencia es la competencia!
Aunque la bolsa lleva una serie de datos, ya no es un producto de cuarta gama y, por lo que me cuentan, ¡¡no deben tener ninguna autorización!!
3. Congeladas en bloques de ½ o 1 kilo, o en tacos más pequeños pero dentro de envases también grandes.
4. Frescas, tal cual se han recolectado en “hatillos” o manojos hechos con cuerda o goma.
Ventajas e inconvenientes de cada una de estas presentaciones:
1. A las de 4ª gama, con eso de la crisis, no les han querido subir el precio y han bajado de calidad, sus hojas son demasiado duras, bastas y con rabos grandes también duros.
Y se nota todavía más en las acelgas.
Ya no las compro, aunque era la solución ideal si se tiene poco tiempo.
2. Congeladas, tampoco las compro ya.
Después de probar varias marcas, y marcas blancas, sueltan tanta agua que me parecen “el timo de la estampita”.
3. Frescas y en manojos.
He optado por esta versión, aunque no todo el mundo puede, sobre todo cuando las veo muy frescas y sin tierra porque se han recolectado muchos días después de haber llovido.
Si tenéis algo de tiempo, tampoco mucho, coméis a menudo en casa o todos los días y tenéis un congelador grandecito es la mejor opción porque cuesta prácticamente lo mismo hacer 1 manojo grande que 4.
Por eso siempre os recomiendo una olla grande que os facilitará la vida… ¡siempre que queráis que os la facilite!
Además de ahorrar dinero, porque son las más baratas, son las de mejor calidad y se pueden cocinar de varias maneras, todas ellas rápidas.
Cómo limpiarlas sin tardar:
♦ Sin cortar la cuerda o goma que forma los manojos, para que no se os suelten, cortar encima de la tabla de la cocina todos los tallos feos y raicillas, de una sola tajada, como hicimos en el video de las acelgas.
♦ Quitarles entonces la cuerda y volcarlas en la pila de la cocina llena de agua fría, retirar alguna hoja si está fea y agitarlas dentro del agua para que se laven bien.
♦ Si vinieran con tierra, recogidas después de días de lluvia, habría que lavarlas mucho más, cambiando el agua varias veces hasta que apareciera completamente clara.
♦ No las tengáis nunca en remojo en esta agua, aunque se siga aconsejando erróneamente, porque cuanto más tiempo permanezcan en ella más nutrientes perderán.
Tampoco hay que añadir a esta agua lejía ni ningún otro tipo de producto porque es ¡¡consumismo puro!!
Las verduras vienen siempre hoy con las suficientes garantías de salubridad y además se van a cocer y cualquier germen que pudieran llevar, casi imposible, con el calor moriría.
♦ Si las queréis más picaditas, aunque creo que no hace falta, picarlas después de cocidas.
Cómo cocerlas también muy rápidamente:
♦ A continuación, si son frescas, sin escurrirlas, echarlas encima de la rejilla o del cestillo de verduras ya colocado en la olla superrápida que estará vacía y cocerlas durante 2 minutos con las 2 rayitas de la válvula de presión fuera.
No hace falta poner nada de agua puesto que no las habéis escurrido y ellas tienen ¡casi un 90%!
Si tenéis una cantidad pequeña, también podéis cocerlas en el microondas, esta vez escurriéndolas bien ya que con el agua que tienen en su interior es más que suficiente y en este aparato, por sus características, no hay que añadir ninguna.
Taparlas, como siempre, y a potencia máxima cocerlas 5 o 6 minutos, o alguno más dependiendo de la cantidad que se tenga y de su calidad.
Cuánto más finas sean, menos tiempo necesitarán.
Veréis, si no las cocéis en exceso, que conservan un bonito color verde, nunca pardo.
♦ Si son congeladas, ni se os ocurra cocinarlas como algunos fabricantes recomiendan, es decir pinchando el envase en el que vienen y directamente todavía congeladas cocerlas en el microondas.
- Primero, es una falta total de higiene porque durante su manipulación, transporte y colocación en los puntos de venta han pasado por demasiadas manos.
- Segundo, el material y las tintas de colores de estos envases ¿qué productos llevan en su composición?
- Tercero, para que la cocción en un microondas sea realmente de calidad y uniforme, hay primero que descongelar y luego cocinar.
Cortar el envase, volcarlas en una sopera grande y descongelarlas a 350 vatios, removiéndolas de vez en cuando para que se vayan descongelando por igual, sobre todo si tenéis cantidades grandes, 1 kilo por ejemplo.
Si os ponéis los guantes de goma lo haréis rápidamente.
No hace falta descongelarlas del todo, en cuanto haya desaparecido todo el hielo, cocinarlas.
Si las descongeláis en la nevera la noche anterior, como solemos hacer con el resto de alimentos, van a estar totalmente descongeladas al día siguiente, puesto que tardan muy poco, y habrán soltado demasiada agua.
- Si tenéis 1 kilo de espinacas ya descongeladas, no las escurráis, y cocerlas con toda esta agua en la olla superrápida, como si fueran hojas frescas pero ahora solamente durante 1 minuto puesto que ya han sufrido un “blanqueo”previo para poder congelarse.
- Si tenéis una pequeña cantidad, escurrirlas, y en la misma sopera en la que se han descongelado cocerlas bien tapadas, sin añadir nada, a potencia máxima durante 4 o 5 minutos hasta que hayan soltado bastante más agua y comprobéis que ya están.
En todos estos casos escurrirlas muy bien apretándolas entre las manos cualquiera que haya sido el método de cocinado seguido.
Si están muy calientes y tenéis prisa poneros unos guantes de goma.
Sueltan mucha agua porque tienen muchísima en su interior y por eso también menguan tanto.
Para no alargarme más, otro día os contaré varias maneras de degustarlas y de cocinarlas, todas ellas muy rápidas, ricas y sanas, varias directamente en el microondas sin necesidad de cocerlas previamente.
Por Cristina Galiano, 10 mayo, 2013
Ahora que ya empieza el calor, quizás os interese tener a menudo en la nevera o en el congelador, esta limonada casera o agua de limón.
Las cantidades podrán ser a gusto de cada uno, dependiendo de la cantidad que se quiera tener, y si se prefiere más o menos dulce y con un sabor a limón más o menos intenso.
■ limones pequeños y de piel fina
■ azúcar al gusto o edulcorante artificial
■ agua y cubitos de hielo también al gusto
1. Para elaborar esta agua de limón es importante escoger limones de piel fina que no tienen, debajo de la piel de color, demasiada corteza blanca, el albelo, que es la que posee sustancias amargas.
2. Lavarlos muy bien debajo del grifo, incluso frotándolos con un cepillito y jabón para eliminar los posibles residuos de insecticida que, si se cumple la legislación vigente, no deberían llevar en absoluto, y el encerado que sufren para que estén más bonitos y brillantes.
3. Partirlos en 4, cubrirlos ligeramente de agua y triturarlos un poco con la minipímer o la trituradora que se tenga, pero un poco nada más puesto que se trata de hacer trocitos pequeños de limón y nunca papilla que amargaría.
4. No hace falta retirar las pepitas porque con esta trituración parcial no se machacan y se quedarán más tarde enteras en el colador.
5. Cuando se hayan conseguido trocitos pequeños de limón, añadir más agua y pasar esta mezcla a través de un colador de malla finita, y si estuviera muy espesa, añadir algo más de agua para facilitar el colado.
Mientras colamos apretamos bien esta pulpa contra el colador ayudándonos con una espátula ancha de goma o silicona.
6. Si no importa entretenerse un poco más, reciclar de nuevo esta pulpa, es decir, volcarla otra vez en el vaso de la trituradora, añadir más agua y triturarla durante unos segundos nada más para sacar el jugo residual de los limones.
7. Volver a colar y tirar ya la pulpa, o hacer con ella mermelada de limón después de retirar las pepitas que amargarían.
8. Añadir el agua que se quiera y el azúcar o el edulcorante escogido.
Remover bien para que todo se mezcle por igual.
9. Volcar este agua en una jarra opaca con tapa y conservarla siempre en la nevera.
Durará perfectamente 1 día entero, aunque poco a poco irá perdiendo vitaminas.
Por ello es importante guardarla protegida de la luz para que el limón tarde más en oxidarse.
10. Por supuesto que perderá al cabo de las horas su vitamina C, pero ¡ya me contaréis la vitamina C que tienen las bebidas refrescantes del comercio, por mucho que se las añadan!
Eso sin contar que vuestra agua de limón será totalmente natural, sin aditivos de ninguna clase.
Consejos de cocina y nutrición
■ Esta “agua de limón” es fantástica porque tiene mucho más sabor que las clásicas limonadas elaboradas con el exprimidor ya que al triturar ligeramente la piel del limón liberamos parte de sus esencias que son verdaderamente muy aromáticas.
■ Es una bebida tan sana, barata y refrescante para el verano que podría estar siempre en nuestra nevera o congelador.
■ Si se quiere se puede elaborar con poca agua, es decir muy concentrada y hacer con ella “cubitos” como los de hielo, que luego se pueden volcar en una bolsa de congelación.
Cuando apetezca tomar una limonada, se echan en un vaso alto varios de estos cubitos, dependiendo de lo concentrada que os guste y agua del grifo.
En un instante los “cubitos” se desharán y toda la limonada estará fresquita, lista para beber.
■ Coladores grandes como el que os he enseñado en el enlace, incluso con malla de nylon en lugar de metálica se encuentran super baratos en los grandes bazares.
Como los buenos suelen estar mezclado con los malos, escoger uno de calidad.
Por Cristina Galiano, 8 mayo, 2013
En las casas unifamiliares o en pisos, sean nuevos, o antiguos pero que han sufrido una reforma un tanto chapuza, puede pasar que la puerta de acceso a la vivienda no llegue hasta el suelo sino que le falten uno o dos dedos de largo total, es decir de altura.
Aunque hoy venden unas tiras especiales de madera con su burlete incorporado para atornillarlas por fuera a la parte inferior de las puertas, si éstas son también de madera, y otros sistemas parecidos, puede suceder que todavía entre polvo o frío por debajo.
Para remediarlo existen lo que se llaman rulos, y seguro que muchos ya los conocéis o incluso los tenéis ya colocados en vuestras puertas.
Suelen tener una longitud estándar más o menos igual al ancho de las puertas normales y con un grosor de unos 10 centímetros.
Son muy fáciles de colocar pues basta pegar una parte de cinta velcro al borde inferior de la puerta, por el interior, y la otra parte de velcro a dicho rulo que, de esta manera, quedará pegado a ella, como un todo único.
Así, cada vez que la puerta se abra o se cierre, el rulo, al estar adherido, se moverá con ella, y cerrará siempre todo el espacio que antes quedaba vacío no dejando pasar ni aire ni polvo.
Y como solo necesitan pegarse con el velcro se pueden utilizar en cualquier puerta, sea del material que sea.
El primero que tuve lo confeccioné yo hace algunos años, tenía más tiempo que ahora, pero luego lo he visto en tiendas de tapicería ya confeccionado o que os hacen con la tela o loneta que escojáis.
Si os lo confeccionáis vosotros, o de encargo, podéis escoger algo más de grosor, aunque realmente no hace falta, ni siquiera si vivís en el campo ya que “cierran” completamente esta parte inferior de la puerta y evitan que se introduzcan bichitos, hojas, tierra, polvo…
Para los que quieran hacerlo ellos mismos, pueden utilizar un “churro” como los que utilizan los niños para nadar, o comprar en una colchonería el trozo de foam redondo con la anchura de la puerta en la que se va a colocar y hacerles por fuera la funda que más les guste.
Para que os hagáis una idea de cómo son, mirad este enlace aunque es un tanto “arrepollado”.
Conviene retirarlos de vez en cuando porque, dependiendo del lugar en el que estén colocados, pueden acumular mucho polvo y pelusas.
Despegarlos con cuidado para no arrancar al mismo tiempo ni la parte de velcro que está pegada a la puerta, ni la del rulo.
En las tiendas Casa de Madrid yo he encontrado 2 tipos, el clásico rulo de tapicería o material fuerte con varios colores oscuros y sufridos, o un rulo con adorno que es un muñeco como de fieltro con narizota y todo.
Seguro que en Ikea también los encontráis.
Este artilugio puede ser muy útil también para casas de pueblo o de playa que permanecen cerradas durante varios meses.
Gracias a él no solo evitaremos la entrada de polvo sino de bichos e insectos que se colarían por debajo de la puerta.
Por Cristina Galiano, 6 mayo, 2013
En general, cuando hablamos de filetes nos referimos a filetes de vacuno, y hoy no es ningún secreto que la carne roja no es precisamente aliada de la salud y yo creo que incluso los más carnívoros saben que es mejor tomarla con moderación.
La carne roja es la mayor fuente de proteínas en la mayoría de las dietas alimenticias, pero también de grasa saturada.
Dentro de estas carnes rojas están no solamente los filetes o chuletones de buey o de vaca, incluso los de añojo cuyo nombre ha “desaparecido” del mercado, sino también los de ternera por muy rosaditos que los veamos ya que hay “métodos” para conseguirlos de ese tono rosado.
Recordemos que se llama ternera al animal que tiene un máximo de 10 meses de edad y añojo cuando está entre los 10 y 18 meses.
Carlos Alberto González Svatetz, jefe de la Unidad de Nutrición, Ambiente y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología y coordinador en España del estudio EPIC (siglas en inglés de Investigación Europea Prospectiva sobre Cáncer y Nutrición) reconoce que los datos obtenidos de los estudios epidemiológicos realizados y aceptados por la comunidad científica con respecto a un exceso de consumo de carne demuestran que la carne roja está asociada a un mayor riesgo de diabetes, de enfermedad cardiovascular y de algunos tipos de cáncer, no solo de colon, sino de estómago y esófago, algo que ya se sabía desde hacía tiempo.
En estos estudios se vio también que los hombres y mujeres que más carne roja consumían eran también los que menos se cuidaban, no practicaban deporte, bebían más alcohol, fumaban y tenían un mayor índice de masa corporal o IMC.
El doctor González reconoce que “cambiar los hábitos dietéticos de la población no es sencillo”, ya lo dijo mucho antes nuestro ilustre profesor Grande Covián, pero en estos últimos años se han cambiado a peor, adquiriendo costumbres anglosajonas muy dañinas y arrinconando nuestra buena dieta mediterránea.
Precisamente en estos estudios se advierte que el riesgo de cáncer comienza a aumentar a partir de los 80 gramos diarios de carne roja y a partir de los 40 gramos diarios de productos cárnicos industriales que ya veremos en otro post.
Este especialista admite que la ingesta de carne roja es un problema en España.
Tras la posguerra y con las mejoras económicas se produjo un aumento de su ingesta.
De hecho, hoy estamos entre los mayores consumidores del mundo, por delante de Francia o Suecia.
Se tiene que valorar además que el exceso de este alimento contribuye a la obesidad, que es un problema ya de salud pública.
Y continúa: “Nosotros no decimos que la carne se elimine totalmente de la dieta, pero recomendamos que no se excedan los 70 gramos al día”, y sin embargo el consumo promedio está en los 250-300 gramos diarios en muchas ocasiones, es decir ¡3 veces más de lo recomendado!
Hay otras carnes que tienen cantidades muy parecidas de proteína, siempre alrededor de los 20 g, pero mucho más saludables porque tienen bastante menos grasa saturada, como son las llamadas carnes blancas, pollo, pavo, conejo, codornices, perdices, avestruz (aunque sea de color rojo)…
El cerdo siempre que sean piezas nobles como el solomillo o la cinta de lomo, si se les quita muy bien toda la grasa que tienen localizada por fuera, se puede tomar con bastante tranquilidad, 1 vez a la semana o cada 15 días.
Aunque al solomillo de cerdo se le considera carne roja y a la cinta de lomo carne blanca, en cualquiera de los 2 casos hay que eliminarles completamente toda la grasa visible del exterior.
Luego en el interior, si os fijáis en el corte de una rodaja de cinta de lomo o de solomillo, no tiene grasa integrada en toda su superficie, como la tienen los filetes normales de vacuno.
Además, si cocináis por ejemplo un trozo bien limpio de cinta de lomo, que solo lleve lomo, del que salen después varias porciones, si lo guardáis en la nevera durante la noche, podréis observar al día siguiente que la poca cantidad de grasa saturada que tenía en su interior se ha solidificado en la superficie del tupper con el frío, y se puede retirar perfectamente con una cucharita de café.
Debajo aparecerá la salsa que le hayamos hecho, o en esta receta citada que prácticamente se elabora en su jugo sin añadirle prácticamente nada de agua, todo su “jugo concentrado” que se ha transformado en gelatina sólida.
Sin embargo yo sé que much@s de los que me leen o consultan y van con prisas no guisan, comen filetes 4 o 5 días a la semana, y de hecho muchos de los que han contactado conmigo pidiéndome información sobre dichas planchas es para usarla casi a diario, y fundamentalmente para carnes.
Si la usan tan a menudo, y sobre todo para carnes, más que para pescados que salen deliciosos, no estarán bien alimentados porque nuestra alimentación, hoy más que nunca, debe ser muy variada para que sea realmente equilibrada.
Además, es de suponer que si les gusta tanto la plancha, los alimentos estarán posiblemente muy dorados o chamuscados, y hoy también se sabe que abusar de estos alimentos puede resultar cancerígeno por la presencia de hidrocarburos policíclicos.
Por supuesto que se puede tomar un chuletón de vez en cuando, pero ni demasiado chamuscado ni demasiado grande, y son muchos, demasiados, los restaurantes que están orgullosísimos porque ofrecen en sus menús chuletones de 300 y 400 g, de los cuales quizás un tercio o más represente sebo puro, grasa saturada.
¡¡ Y bien quemaditos por fuera para que estén jugosos por dentro!!
Tomar filetes sencillos 4 o 5 veces a la semana quiere decir que o no se piensa más y se acaba rápido con el clásico filete, o no se quiere estar un poquito más de tiempo en la cocina y hacer varias raciones de cualquier guiso que es lo realmente práctico y efectivo.
Una carne de segunda tiene el mismo valor nutritivo que un filete de primerísima clase pero, aunque es más barata es más entretenida a la hora de manipularla ya que hay que “limpiarla” quitándole algún pellejo, tendón, trozos grasos…
Sin embargo tiene la ventaja de que, si se quiere, se pueden hacer con ella multitud de guisos, muy rápidos acompañados de varias verduras, cebollitas, puerros, zanahorias, judías verdes, pimientos, ramitos de bróculi o coliflor…
Recordar que en un plato de lo que sea cuantos más colores tenga mejor, y éstos los proporcionan principalmente las verduras.
Por otro lado tenemos una gran variedad de pescados, algunos más baratos que la carne y con mayor cantidad de proteína, pero no se consumen tanto, aunque seguimos siendo el segundo consumidor del mundo después de Japón.
En nuestro país todavía podemos disfrutar de muchos pescados, blancos y azules, frescos o congelados y, si los cultivos en granjas de ciertas especies no se consiguen, muchos desaparecerán para siempre.
Disfrutemos ahora de todos ellos, mientras todavía están a nuestro alcance.
Conclusión: nuestra alimentación tiene que ser saludable y eso se consigue con la variedad, cuanta mayor mejor, y habría que invertir la costumbre y que fueran 4 o 5 raciones de pescado a la semana en lugar de tanta carne, y tampoco siempre el mismo pescado, alternando blancos y azules.
Por Cristina Galiano, 3 mayo, 2013
En Madrid están proliferando un poco por todas partes franquicias o supermercados de algunos de mucho renombre, pero con pequeña superficie por lo que solo se encuentran los artículos que más se demandan.
Pobrecitos de vosotros si vais buscando una determinada marca de salsa, de tomate natural triturado, de chorizo, de jamón loncheado…
No la encontraréis, y si sois de los que ya os sabéis la composición de algunos de estos productos y son los que os gustan, tendréis que comprar lo que os ofrecen, a lo que me niego rotundamente, o salir con las manos vacías.
¡¡¡ Y ya no os cuento nada si el supermercado es de los que solo os quieren vender sus marcas blancas, así se pueden “tirar” los precios!!!
Se sabe, y hasta lo ha escrito el director de un gran periódico médico, que cuanto peor calidad tiene la materia prima de la que se parte, más cantidad de aditivos lleva para darle mejor aspecto, mejor color, mejor sabor, mejor olor, que no se enrancie, que no se estropee… y que dure mucho, casi eternamente para que, pase lo que pase, como por ejemplo la rotura de la cadena de frío, o un fallo en el sistema de envasado al vacío, no haya que devolverlo al fabricante, con el consiguiente perjuicio económico.
Por ello los atiborran de aditivos, y cuantos más lleven, por muy autorizados que estén, menos saludables serán… por muy ricos que estén.
¿Por qué hay un chorizo de marca que no lleva ningún aditivo, sino que es lo que debe ser, es decir carne de cerdo, pimentón y sal y hay otros, por supuesto de marca blanca, elaborados por el mismo fabricante que pueden llevar 2 o 3?
Pues sencillamente porque las marcas blancas aprietan tanto al fabricante para conseguir un precio más económico, que éste se ve obligado a añadir además de la carne de cerdo, que ya no tiene la misma calidad, más “cosas” que traen consigo el tener que añadir los dichosos aditivos.
Bueno, bonito y barato… en alimentación es muy difícil de conseguir, yo diría que imposible.
Como en España en general se toman raciones demasiado grandes de absolutamente todo, completamente desproporcionadas para la vida sedentaria que una gran mayoría de la población tiene, yo os aconsejo que no bajéis la calidad de vuestra alimentación, sino su cantidad.
Es preferible, desde todos los puntos de vista, disfrutar con un trozo pequeño de chorizo, por ejemplo, de clase extra, que es el que más proteína tiene y menos grasa, masticándolo despacio y saboreándolo, que tomar un trozo grande de un chorizo de mala calidad, con un alto porcentaje de grasa, aunque al paladar resulte buenísimo.
Estaréis ingiriendo menos grasa saturada, luego un beneficio para vuestra salud cardiovascular, y menos calorías también excelente para vuestra salud en general.
¿Cómo es posible que grandes superficies que ya tenían los precios muy ajustados, y por tanto ya trabajaban con un margen pequeño, hayan rebajado todavía más muchos de sus productos alimenticios?
Preguntárselo a los fabricantes de aceite de oliva virgen, por ejemplo, o de leche, o de embutidos…
¡¡¡Les están literalmente asfixiando!!!
Porque las que han bajado sus precios indefinadamente, podría ser porque tenían establecidos unos márgenes enormes, y ahora, muy inteligentemente y ante la crisis, se han dado cuenta de que más vale “muchos pocos que pocos muchos”.
Si estabais acostumbrados a un determinado producto de marca porque era bueno y ahora no lo encontráis, rebuscad hasta que deis con él.
Ya sé que eso requiere tiempo, que es escaso, pero es la única manera de que dicha empresa sobreviva:
♦ O se “prostituye” y termina claudicando ante las exigencias de la gran superficie,
♦ O desaparecerá del mercado.
¡¡Así de fácil y así de triste!!
Por Cristina Galiano, 1 mayo, 2013
Como ya os expliqué el lunes pasado en qué consistía este nuevo ebook, voy a volveros a explicar ahora todo lo que debéis hacer para no tener problemas al descargároslo.
A la tercera tiene que ser la vencida, he hablado con la dirección de Bubok y creo que esta vez no puede ni debe haber errores.
Este ebook sigue manteniendo el mismo precio que los anteriores, 2,50€, esperemos que por mucho tiempo.
Pero a este precio hay que añadirle ni más ni menos que un 21% de IVA, simplemente por ser electrónico, lo cual, como autora, me parece una injusticia.
¡Y el futuro está en los libros digitales!
Así que al final el libro os va a costar 3,03 €.
En los libros de papel, a los que yo estoy tan acostumbrada, no en vano he escrito 18, cuando se habla del precio de un libro se refiere al total, incluido el IVA que es muy pequeño, 6%.
Para descargároslo desde mi blog, pincháis con el ratón en cualquier parte de la portada azul del libro y os aparecerá una pantalla con muchas cosas.
En la misma portada tenéis abajo del todo 2 casillas.
En la de la izquierda pone “Visualizar portada” y en la de la derecha pone “Visualizar interior”(Ya os mandé el lunes pasado el enlace directo a estas primeras páginas http://www.bubok.es/ver/preview/223590 para que os hagáis una idea de lo que os vais a encontrar dentro)
También os encontráis con el ISBN que es como el DNI de los libros, y un pequeño resumen del libro.
A la derecha de todo el texto aparecen como 3 apartados, Formato = pdf, Precio = 2,50€ y Descargar.
Debajo de estas 3 casillas hay un letrerito que pone “Incluye el libro en formato pdf y ePub” y debajo Impuestos no incluidos (que en nuestro país es el Iva) y a la derecha en letras verdes = descargar.
Si pincháis solamente 1 vez encima de las letras de descargar os salen las 4 opciones de compra,
Paypal,
Tarjeta de crédito,
Transferencia y
Giro postal
Y escogéis la forma de pago.
A ser posible, y salvo que os resulte más cómodo, no escojáis Paypal porque según me ha informado Bubok este sistema cobra siempre por su servicio 90 céntimos, tanto si se trata de una compra de 1.000€, como de una compra de 3€ como en este caso.
Así que en lugar de los 3,03€ que cuesta el libro con su 21% de IVA (¡qué barbaridad!) os va a costar 3,91 o 4€.
A continuación os piden los datos del comprador, así que poner nombre, apellidos, teléfono, correo electrónico, país, provincia, y abajo del todo tenéis que marcar la casilla que pone = he leído y acepto las condiciones de venta, y luego por último pinchar en “hacer el pedido”.
Si no rellenáis todos estos campos, no habréis realizado la compra, y es aquí donde en los ebooks anteriores ha habido problemas.
Si habéis hecho todo esto bien y habéis pagado por Visa o Paypal casi inmediatamente el sistema os manda lo siguiente:
Estimad@ fulanito de tal
Este es el resumen de tu compra: Tu número de pedido es: XXXXX…
Los artículos que has adquirido son:
| Artículo |
Cantidad
|
Valor
|
Impuesto
|
Sub total
|
| El título del libro que acabas de adquirir en este caso “Recetas en 10 o 20 minutos…. (eBook en PDF) |
1
|
2,50€
|
21%
|
3,03€
|
| |
|
| |
|
(Aunque he insistido con Bubok en que debía poner eBook en PDF y en Epub, todavía no lo he conseguido…, piano, pianito… a lo mejor ¡¡¡para el próximo!!!
Pero, no os paréis aquí… seguid leyendo.
Las descargas de ebooks solicitadas caducarán en 7 días a partir de la recepción de este email
Los archivos en formato ebooks te los puedes descargar aquí:
Recetas en 10…… más ricas utilizando varias técnicas culinarias modernas (eBook en PDF)
Y 2 enlaces
eBook: http://www.bubok.es/downloads/libro/………………….
ePub: http://www.bubok.es/downloads/epub/
Y simplemente pinchando en estos 2 enlaces os descargáis las 2 versiones del libro.
Y ahora sí que comprobáis que os mandan los 2 enlaces, Pdf( = eBook) + ePub, no solo 1.
Si el pago lo habéis hecho por transferencia bancaria, ya sabéis que el dinero tarda en llegar 48 horas y ese será el tiempo que tardaréis en recibir estos dos enlaces.
En cualquier caso si habéis hecho bien el pedido os mandan el número de vuestro pedido, y si por cualquier motivo no vienen los 2 enlaces para descargaros las 2 versiones del libro, poneros en contacto conmigo mandándome ese número de pedido para que yo pueda “mover hilos”.
Si surgen imprevistos o errores, ya sabéis que aunque no es mi culpa, siempre he intentado ayudaros y seguiré haciéndolo.
“Las máquinas más inteligentes” también se pueden equivocar.
Estoy segura de que este tercer ebook os gustará tanto o más que los 2 anteriores.
Un abrazo para todos y que lo disfrutéis
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